Las Palmas 23 de julio de 2010


Me siento triste por irme sin ti a la playa. Miro el mar y te imagino buceando, cogiendo olas, atrapando la sal.

Vivo esperando.

Espero que el reloj marque las 17`45 para correr a tu encuentro en la sexta planta del Hospital Negrín.

Vivo esperando para compartir una hora de juegos, de risas, de miradas cómplices y a veces vacías, entre esas frías paredes tan cargadas de dolor y separadas del mundo por dos puertas que se cierran con llave.

A diferencia de otros pacientes, tú nunca nos reprochas el que te hayamos dejado ahí. Nunca preguntas hasta cuando has de vivir encerrado en esa cárcel. No preguntas por el verano que avanza sin que lo disfrutes. Aceptas la situación en silencio y te conformas con llenar de rutinas el espacio y el tiempo. Te conformas con compartir con nosotros  una hora y cuarto cada día. También has impuesto rutina en nuestras visitas. Los juegos siguen un orden y sirven para sumar segundos que el equipo naranja emplea en realizar el rosco final. Una  sopa de letras en la que nos dejamos los ojos. Tú impaciente por acabarla, nosotros deseosos de ampliarla para disfrutar un rato más de tu presencia a fin de atrapar tus sonrisas, tus gestos y palabras.

Nos gustaría poder recorrer contigo el pasillo que te aleja de nosotros, ver tu habitación, arroparte y besarte tiernamente cada noche, pero… no es posible.  Nos despedimos y nos vamos por caminos opuestos.

Mientras… seguimos esperando.

Espero saber qué va a ser de ti. ¿Hasta cuándo vas a estar ahí? ¿Cuándo volverás a casa? ¿Cuándo tendremos que ir a Madrid? ¿Para cuándo será la operación?…

Vivo llena de incertidumbres.  Vivo en la angustia de no saber qué ocurrirá. Angustia que contrasta con tu tranquilidad porque mamá te ha dicho que pasarás ahí el verano. Pero ¿qué ocurrirá cuando llegue el 1 de septiembre? ¿Qué pasará si aún no puedes marcharte? Entonces te habré fallado. Tú estás tranquilo porque te fías plenamente de nosotros. Porque crees ciegamente en nuestra palabra. Simplemente vives una de tantas situaciones cuyo fin no comprendes y que carece de sentido para ti.

Vivo esperando el día en el que pueda traerte a casa. En el que podamos ir a la playa. Espero los días de risas e inocencias, de rutinas que acompañan la calma y te aportan seguridad.

Vivo esperando… Vivo esperándote… Siempre esperándote.

                                                                                                 Te quiero.  Mamá

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