28 de abril de 2010


Hoy me has dado una tregua. No sé cuánto durará esta vez pero me contento con disfrutarla.

He aprendido a vivir intensamente los buenos momentos pues puede que sean los últimos. Te escucho reír a carcajadas mientras cantas a gritos una canción. Tus hermanos y yo te observamos mientras disfrutamos intensamente este momento. Javi se levanta y baila contigo. Jorge nos cuenta una anécdota y los cuatro estallamos en carcajadas. Tú le  pides que repita una y otra vez el gesto que te ha causado tanta gracia y él te complace hasta ocho veces.

Disfrutamos de tus risas. Disfrutamos de reír juntos. Quisiera poder hacer magia y detener  el tiempo o perpetuar este instante de alegría, de amor, de comprensión.    Hoy con las risas han vuelto los aleteos, los saltos, las canciones, el incesante correteo. Hoy te miro y vuelvo a encontrarte. Hoy, en este momento, olvido todo el dolor. Y por un momento resurge la esperanza… Quizás por fin las sombras se hayan ido. Quizás, por fin se haya esfumado para siempre el color gris y haya vuelto a tu corazón el “arcoíris”.

 Contamos con otra hora de paz y nos apuramos a vivirla intensamente.

Ya no siento nada. Ya no sé lo que siento: ¿Dolor? ¿Amor? ¿Miedo? ¿Desesperanza? ¿Fracaso?…

Con cada golpe me he ido endureciendo. He ido quitando importancia a lo superfluo. Ya no importa si has tirado abajo una pared. No importa que la casa no tenga puertas, que hayas arrancado el vidé o que hayas destrozado la tapa de wáter. No importa no tener tele en el salón, ni video, ni play, ni cadena musical, ni cuadros en las paredes, ni portarretratos. Tampoco importa que las fotos estén pintarreadas, que se hayan roto los cristales del mueble del salón, que la ventana de tu cuarto esté condenada o que la puerta del salón no pueda abrirse nunca. No importa que sólo  queden en pie dos sillas y que la mesa del salón haya tenido que ir de excursión al punto limpio junto con muchas cosas más. Nada de eso importa. No importa si los vasos, cubiertos y platos son de plástico. No importa si no hay intimidad en el baño…

Importa tu dolor y el nuestro.

Espero la llegada de la noche. Espero la madrugada, cuando tu sueño es profundo y tu respiración agitada. Entonces me acerco sigilosa hasta tu cama, me cuelo en tus sábanas y te miro intensamente. Te abrazo y te acaricio.  Te susurro mil veces cuánto te quiero.

Te quiero a pesar de que nuestra vida sea un infierno. Te quiero aunque me pegues con fuerza, aunque me destroces la casa, el cuerpo y el alma…

Te quiero.

Te quiero aún cuando tu mirada se transforma en odio. Aún cuando el mostruo asoma en tus ojos. Aún cuando sólo siembras destrucción, dolor y terror a tu paso.

                                                                              Te quiero.

                                                                                                    Mamá

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s