Noviembre de 2001


Mi pequeño Alejandro:

Siento que hace ya una eternidad que no te escribo y no creas que no tengo nada que contarte, es más bien que me falta el tiempo.

Ya tienes seis años y has comenzado primero. Se inicia una nueva etapa en tu vida y en la nuestra.

En el último informe del Equipo Específico de TGD se afirma que eres autista. Magüi dice que ella considera que tienes un autismo de alto funcionamiento. Ya no voy a discutir más sobre tu diagnóstico. Aunque parezca increíble, no me importa. No está Rivière para contrastarlo aunque Dolo no está de acuerdo. Ella dice que si no eras autista a los 4 años, no puedes serlo ahora a los seis. Yo estoy cansada de que hoy seas una cosa y mañana otra. Para mí,  eres Alejandro y ya está.

Estoy tremendamente orgullosa de ti y de cada uno de tus progresos.  Aceptas con agrado el trabajo diario, al menos aquí, en casa. Cada día pasas media hora en el ordenador jugando con “A leer con Pipo” y a veces hacemos alguna ficha. Te descubro haciendo fichas propias con sus dibujos y la palabra escrita (a modo de agendas: por ejemplo, pintas una casa y debajo escribes la palabra CASA). Te ayudo a escribir las palabras, deletreándote las que son más difíciles, y corres a colocar en la pared tu obra porque estás orgulloso de ella y quieres que todos la veamos.  Casi lees y escribes todas las sílabas directas, sumas sin dificultad y a pesar de tu ACI significativa, tu aprendizaje va casi a la par que el de tus compañeros.

Intentas comprender el mundo que te rodea, dar un sentido a las tareas que se te exigen, empaparte de cada novedad para que deje de ser novedosa y convertirse en segura.

¿Recuerdas?… Te encantaba que golpeara suave con mis nudillos en tu cabeza mientras  te preguntaba: ¿hay alguien ahí?. Tú te reías a carcajadas, sin darme una respuesta. Pero ésta ha ido llegando cada día. Me demuestras, no solo que estás, sino lo que vales. Eres muy valiente Alejandro y de ese valor yo aprendo cada día. Has logrado muchas cosas y sé que aún puedes conseguir muchas más.  He aprendido a amar al niño que en realidad eres. Ya no sueño con que seas distinto, sino conque el mundo te quiera y te respete con cada una de tus peculiaridades. No eres el niño que yo esperaba pero no podría reconocerte si fueras distinto.

Aún nos queda mucho camino por recorrer pero estaremos juntos al hacer camino. Puede que la dificultad sea grande pero has dado con una familia de cabezotas que no están dispuestos a tirar la toalla. Tú nos has enseñado muchas cosas. Aprendimos a hacerte agendas para ayudarte a comprender el mundo y disminuir tu ansiedad. Aprendimos a leer en tus ojos y en tus gestos porque, aún hoy, aunque puedes hablar, no puedes comunicar tus sentimientos. Aprendí que no puedo permitirme el lujo de dejarme caer. No sólo por ti sino también por tus hermanos, y quizás… especialmente por ellos.

En mayo nació ACTRADE. La Asociación que con cariño y desvelo formamos un grupo de padres. Es aún recién nacida y, como cada recién nacido, viene cargada de proyectos y esperanzas.  No deseo un futuro en soledad. No deseo el frío de las blancas paredes de una institución. No deseo horas y horas de estereotipias fruto del aburrimiento. No deseo escuelas cargadas de incomprensión en las que la palabra “Integración” figure solo en un papel pero sin que  sea una realidad en las aulas y en los patios. No deseo leer en un periódico que las personas con minusvalía psíquica son improductivas y por tanto no habría que gastar en ellas tanto dinero. No deseo que la gente me mire cuando tienes una rabieta en plena calle, ni que murmuren que eres retrasado. No deseo ver a un maestro que diga “pobrecito” y que ese  pobrecito signifique: “Para que voy a molestarme si es deficiente”. No deseo que nadie vuelva a decirme en un aeropuerto que debería encerrarte en un psiquiátrico. No deseo que la sociedad siga pensando que ustedes son felices y que ustedes han escogido vivir en un mundo aparte cuando la realidad es por desgracia muy distinta. No deseo sentarme en Ordenación Educativa pidiendo más recursos, aulas enclave, centros preferentes y escuchar un: “No hay dinero”.  No deseo tener que levantar la voz ante tanta injusticia e insolidaridad, ante tantas promesas incumplidas, ante tanta cerrazón. Yo sólo pienso en lo distinto que sería el mundo si aprendiésemos a mirar más allá de nuestra particular realidad, si aprendiésemos a tomar al otro de la mano y caminar juntos, si aprendiésemos los unos de los otros, sean estos o no, personas con discapacitad.

De ti aprendemos cada día que nuestra lucha tiene sentido, porque tampoco tú has arrojado la toalla y, mientras sigas asomándote desde tu muro, encontrarás a alguien del otro lado. Si algún día pierdes la fuerza o el interés… iré a buscarte, te cogeré de la mano y te traeré otra vez a CASA.

Te quiero mucho. Mamá.

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