23 de octubre de 1999.


Hoy hemos estado con Ángel Rivière. Por fin tienes un diagnóstico. Hoy no era tu mejor día para una valoración pues tenías asma. Respirabas con dificultad y la medicación te tenía como una moto. No le dejaste sentarse a tu lado y ni siquiera accediste a que ocupara el lugar de Dolo. Así que te observó a unos metros de distancia, usándola a ella como  mediadora en las tareas que deseaba que hicieras.

Según  nos contó le empujaste un par de veces hasta la puerta mientras le decías tu habitual frase para conseguir que el mundo te deje en paz: “_ ¡Alliós, besitos. Alliós, besitos!”_

Dentro de mí, había menos miedo que esperanza. Ya no la esperanza de que me dijera que no eras autista sino la tranquilidad y esperanza que te da aquél que sabe lo que se trae entre manos. Mi hijo era observado por una de las personas que más saben de autismo a nivel mundial. Por una persona capaz de hablar desde el corazón. Esa tarde, en las jornadas, nos acercó hasta personas reales. Niños y adultos con autismo, envueltos, como dijo Kanner, de una “profunda soledad”.

Salió un momento a buscar alguna prueba y se acercó hasta nosotros. Con la alegría en la mirada y en la voz nos dijo: _Un adelanto: Alejandro no es autista_ y se marchó apresuradamente para seguir contigo.

Dos horas después volvió a sentarse con nosotros. Demacrado por el cansancio pero con el rostro amable y cercano de quién es feliz haciendo lo que hace. Nos confirmó  que no eres autista. Tienes un Trastorno Generalizado del Desarrollo no específico, un autismo atípico. Es decir, que aunque tienes muchas de las características que definen el autismo, no las cumples todas. Nos explicó que la dificultad para tu diagnóstico se debía  a un problema emocional asociado e independiente al TGD. Una logofobia que se traduce en tus periodos mutistas. Dicho problema emocional impide que te desarrolles en todo tu esplendor. Comentó que en la medida en que percibieras el lenguaje como medio para comunicarte, iría desapareciendo el mutismo. Cree que tienes un gran potencial y yo recordé mis pensamientos acerca de tu “inteligencia dormida”. Nos preguntó sobre tu escolarización y le explicamos que estabas integrado en un centro ordinario aunque no recibías mucha atención, probablemente porque “no dabas ninguna lata” y porque tampoco llevabas mucho retraso con respecto a tus compañeros. Al contrario, en numeración y en el arte de hacer puzzles los superas a todos. Nos habló sobre los “islotes de inteligencia” y entendí el por qué destacas en determinadas cosas y eres incapaz de hacer otras mucho más sencillas u obvias.  Nos invitó a conocer y exigir tus derechos. A luchar para que entre todos podamos hacer que tu mañana brille con una luz diferente.

Es imprescindible el uso de agendas para disminuir tus rabietas y tu ansiedad. Es imprescindible que estemos tranquilos para que puedas percibir y disfrutar de un ambiente relajado. No me creo capaz de conseguir un estado de relax en mi vida. No sé si podré disminuir el nivel de estrés con el que vivo. No sé si
podré acallar mi mente…

Ángel intuye que tienes un gran potencial pero necesitas muchas ayudas para sacarlo a flote y esa es nuestra responsabilidad y la de tus educadores. Nos habló también de tu adolescencia. Cree que serás conciente de tus limitaciones y que sufrirás por ello, así que nos animó a luchar desde ahora para que todo sea menos duro.

Dijo que quiere volver a verte dentro de un año para hacerte un seguimiento y valorar tu evolución. Prometimos llevarte a Madrid.

Mi pequeño Alejandro, por fin podemos poner un nombre a tu problema. Por fin puedo saber dónde estás y hacia dónde vamos. Hoy la noche llega con una paz nueva, con una alegría llamada esperanza. Mis dudas y miedos se han disipado. No es que el diagnóstico sea estupendo, como le expliqué a mi hermana, es un diagnóstico duro pero al menos se dónde estás.

Te miro y sé que sigues siendo el mismo pero ahora puedo estudiar y trabajar para ayudarte, para comprenderte, para entenderte.

Papá camina a nuestro lado. Le he traído hasta éste tu mundo. Sé que ya no estoy sola. Ya no volveré a estar sola. Ahora mi lucha, tu lucha, es por fin la de todos.

Te dejo ya mi amor. Éste ha sido un día intenso de emociones y aunque sé que no podré dormir, debo intentarlo. La vida sigue y hay que descansar para seguir en la brecha.

Olvidaba contarte que en el curso me enteré, por una compañera, que podía hacer la habilitación de Educación Especial a través de un sindicato. Mañana mismo iré a enterarme. No sé si serviré como maestra de Educación Especial pero al menos me servirá para ayudarte a ti ¿No crees?

Bueno pequeño, sueña bonitos sueños, mañana será otro día.

Te quiero mi amor.

Besos.
Mamá.

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