Jorge, mi pequeño, gran hombre.


Me encanta mirarte cuando estás dormido. ¡Has crecido tanto…! Has cambiado las llaves por un balón de fútbol y antes de esto te volvía loco el camión de la basura. Jugabas con los contenedores y el camión con el mismo entusiasmo con el que hoy, a tus cuatro años, te has convertido en futbolista y comentarista deportivo. Y te molesta mucho que te diga que eres pequeño pero… ¿cómo ser grande cuando solo se tienen cuatro años? Es cierto que te hemos hecho crecer muy deprisa… Eres más responsable que muchos de los niños que te superan en edad. A veces yo misma tengo que mirarte para recordar que eres muy pequeño.

Me encanta coger tus manitas, esas pequeñas manos que tanto me han ayudado. Mi pequeño Jorge, hoy  necesitaba decirte lo mucho que te quiero y lo orgullosa que estoy de ti, de tu generosidad, de tu inteligencia… Tú siempre serás el primero. Me concediste el día más grande y feliz de mi vida con tu nacimiento. Te cogí en mis brazos y lloré. Lloré de felicidad, de alegría y te dije entre sollozos: ¡Bienvenido mi amor, bienvenido! Luego llegó papá radiante de alegría, dispuesto a presenciar tu nacimiento pero… Tú ya estabas allí. Te tomó en sus brazos y nos miramos mientras nos dábamos un beso. Eres el fruto de nuestro amor, el milagro de la vida. Como también lo son tus hermanos. A las puertas del paritorio te esperaba abuela Trini y te regaló entre lágrimas su primer beso.

Jorge, eres un niño especial. Sigue siendo así. No cambies. A veces, probablemente, te exigimos demasiado. Sé que a veces estoy demasiado agobiada con tus hermanos y qué quizás no te dedico el suficiente tiempo. Perdóname hijo.

El año pasado, cuando yo daba clases en el cole, me asomaba a la ventana desde mi clase para verte correr y jugar con tus compañeros. Se te veía tan feliz, tan pequeño. Y cada día al pasar  por el Palmeral, camino del colegio, tu me decías: _¿Recuerdas mamá? Aquí pusieron un circo y tú y yo nos parábamos a observar los elefantes y luego vinimos a verlo con todo el colegio. Yo iba con Mabel y tú llevabas a los niños de Ana Mª… _Claro hijo, claro que lo recuerdo._ Lo recordaré siempre porque esos eran nuestros momentos. Puede que ésa sea  una de las desventajas de ser el mayor, que siempre, siempre, eres grande, aún cuando seas pequeño.

Aún tienes cuatro años y un montón de sueños. Eres un niño muy sociable y cariñoso y según todo el que te conoce muy maduro y responsable. Pero ayer en el parque te asustó un perro y corriste a refugiarte en mis brazos. Te sentía temblar, así que me levanté a reñir al dueño del perro. Me miraste con orgullo y te quedaste sentado a mi lado. Te abracé cogí tus manos y te dije: _Ve a jugar Jorge, que yo no permitiré que te ocurra nada_ Tú  te levantaste decidido y sonriente: nada me va a pasar, mamá me protege.

Sí mi amor, estoy contigo aunque a veces parezca más preocupada por  Ale o por Javi.

Yo estoy y estaré siempre contigo.

Te quiero.

 Mamá.

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