27 de Octubre de 1997


Nadie puede imaginar como sufro en las reuniones de la guardería. Todos los papás hablan de las proezas y logros de sus hijos. Hablan de lo que dicen, de lo que hacen, del control de esfínteres, cuentan anécdotas simpáticas, hablan de sus juegos y yo… me quedo en silencio mientras me muero de rabia, de envidia y de tristeza. Rabia contra nadie en particular y envidia porque tú aún estás muy lejos de esas proezas. Tus compañeros son hasta diez meses más pequeños, el que te sigue en edad es cinco meses más chico. Creo que Censi nota mi pena y me dice sonriente: “Alex está genial, reconoce las partes de la cara y nombra el amarillo, es el mejor haciendo encajes y cada día se le ve más integrado”.  Yo sonrió tristemente y rezo para que finalice pronto la reunión.

Dentro de poco nacerá Javier ¿No estás deseando conocerlo? Creo que a pesar de mi temor de no poder con todo, Javier  va a ser como un soplo de aire fresco. Deseo que llegue el momento de cogerlo entre mis brazos. Le noto moverse en mi interior y esa sensación me hace llorar de felicidad. Ustedes son mi mayor tesoro.

Me siento muy cansada. Cada dos días, de la guardería al gabinete, tirando del carro y de mi barrigón. Subir dos pisos de  escaleras contigo en brazos y  con mi barriga se hace toda una proeza. Dudo que Javier aguante dentro hasta Navidad. Quizás decida nacer antes. Es mucho el trote que le doy cada día.

Siento miedo por él, por ti y por Jorge. Desconozco si podré darle a cada uno lo que merece y necesita.

Mi pequeño Jorge, con sus cuatro años cumplidos hace solo una semana, es mi mayor apoyo. Me ayuda muchísimo contigo. Se seca sólo, me ayuda a preparar  la mesa, me trae tu pijama y prepara sus cosas. Siento que quizá la vida le empuja a madurar muy rápido. Es tan observador, tan maduro en sus reflexiones que llama la atención de cuantos le rodean. Hablas con él y es fácil olvidarse de que es sólo un niño pequeño. Aún no tira la toalla respecto a ti. Sigue animándote a jugar al fútbol con él. Con su manita dirige tu pie para enseñarte a chutar el balón. A veces me pregunta: “Mamá ¿Cuándo Alex querrá jugar conmigo?”  Yo le respondo que ya falta muy poco y él asiente con la cabeza seguro de que mamá no miente.

Vente Alejandro, todos te esperamos, todos te necesitamos, todos te queremos.

                                                Besos. Mamá

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