27 de abril de 1997


Frío, oscuridad,temor, silencio…

Nunca los días me han parecido tan oscuros como el de hoy, a pesar de que el sol continúe  brillando en el cielo. Nunca me he sentido tan sola  a pesar de estar en medio de una multitud. Hoy todo mi mundo se ha resquebrajado en mil pedazos. He sentido la necesidad de huir, de gritar, de esconderme… de morir.

Te he apretado fuertemente contra mi pecho como si así pudiese protegerte, como si así el  dolor pudiese ser menos intenso. ¡Qué ciegos estamos  cuando no queremos ver! ¡Qué sordos cuando no queremos escuchar! …

Me he arrepentido tanto de no haberle pedido a Sara que viniese conmigo.

Corrí por los pasillos del Hospital Materno Infantil contigo en brazos, llorando y buscando  un rostro amigo, una mano amiga en la que apoyar mi dolor. Y sin embargo… ya sospechaba todo lo que hoy ha sucedido. Pero la esperanza es lo último que se pierde y a esa esperanza yo me abrazaba. Los potenciales están bien, tienes otitis pero oyes perfectamente. Sé que me desencajé. Lo noté  en la cara de Jesús, se puso muy serio, cogió mi mano y me dijo: Quizá sea autista. La palabra prohibida había sido pronunciada por alguien fuera de nuestro entorno. Y lloré. Todo se  volvió oscuro pero saqué fuerzas para preguntar: ¿A dónde lo llevo? ¿Qué puedo hacer por él? No me contestó porque ignoraba la respuesta. Me dijo que él era otorrino y no psiquiatra y qué quizás… estuviese equivocado. Pero ya era tarde. La venda se había caído y la verdad se manifestaba fría y desnuda.

Te tomé en mis brazos y salí llorando y corriendo de la consulta. Algunas personas se acercaron a preguntarme si necesitaba ayuda, pero yo no las oía. Sólo oía tu corazón apretado contra el mío. Busqué un rincón y me senté a llorar mi pena. Tu comías feliz un chupachups que te habían  regalado en la consulta. Lo ncolocabas junto a tu ojo y mirabas a través de el un mundo color naranja.  Te miré y el día se hizo aún más negro. Estabas indiferente a mis lágrimas, a mis sollozos, a mi dolor…

Sentí rabia y pena… por el niño que jamás podrías ser. Lloré por tu presente y por el futuro. ¿Qué será de ti mañana? Sé que es absurdo, pero… lloré por la nuera que jamás tendría, por los nietos que no vería crecer, por la carrera que no podrías estudiar…

¿Quién se había  atrevido a romper la vida?… De pronto miles de sueños cayeron en mil pedazos.  El camino se ha torcido y tendremos que aprender a caminar en medio de curvas y altibajos. Sé que mañana me levantaré pero hoy quiero llorar mi dolor, quiero sacar a flote mi pena.

Llegué  a casa y le conté a abuela. Necesitaba que me escuchara, que me consolara,  que me abrazara y me dejara llorar. Pero se limitó a decirme que yo estaba  empeñada en buscarte fallos y en ponerte una etiqueta. Me dijo que todo lo  que te pasaba era porque no te dedicaba suficiente tiempo, me dijo tantas  cosas que… sólo me hundió más en la mierda.

Sin embargo, comprendo que sólo hablaba  su propio dolor y su propio miedo. Así que me vi justificándome, justificándote  y dándole explicaciones. No sé por qué se me ocurrió que podía esperar de ella  algo diferente… Quizá porque en el fondo era su abrazo lo que más necesitaba.  Pero ella sólo podía enfadarse, culpar y rechazar algo que también le es muy  duro aceptar. Sé que no pretendía hacerme más daño, sólo necesitaba, como yo,  escapar y huir. Negar la realidad para ver si de ese modo desaparece.

Las lágrimas curan  las heridas y yo he derramado hoy tantas que ya debería de tener cicatrices.

El mundo hoy es  distinto al de ayer. Todo ha cambiado aunque aparentemente todo se mantenga. He pensado en la niña que crece en mi interior y… creo que no llega en un buen  momento. Temo por ti y temo por ella (o por él).

Aunque hoy llore,  mañana me levantaré, no me queda otro remedio. He de hacerlo por ti, por Jorge  y por el hijo que se ha empeñado en venir al mundo en tan mal momento.

No me siento fuerte  pero he de levantarme y luchar. Pediré a Marta que insista en el gabinete psicopedagógico para que no  demoren mucho más la entrevista.

Saldrás adelante, te  lo prometo. No pienso dejar que te vayas. Aunque te empeñes en estar solo, yo me empeñaré cada día en sacarte de tu soledad y, si fuera posible, también de tu silencio.

Hoy te quiero más  que nunca, Chiti.

Besos. Mamá.

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