MI PEQUEÑO ALEJANDRO EN SU 2º CUMPLEAÑOS


Hoy cumples dos años. Te diré que esperaba que éste fuera un día distinto. Me siento muy feliz por tu cumpleaños pero sigo sin dejar de estar preocupada. Deseo tanto escuchar tu voz.

Quisiera que me dijeras “mamá”. Quisiera sentir que necesitas de mi consuelo cuando te caes y te haces daño. Sé que me necesitas, me lo dicen tus abrazos y tus besos.

Eres la sombra de tu hermano, le sigues a todas partes. Te encanta que te acaricien y te abracen. Sólo conectas la alarma (gritas desesperadamente) cuando se te acerca un extraño.

Estoy nuevamente embarazada y eso me asusta. No sé si podré con todo. Tener un bebé ahora, cuando tú, a pesar de tus dos añitos no has dejado de serlo. Ahora que estoy tan llena de temores, ahora que, aunque lo niegue, cada día estoy más convencida de que te sucede algo. Sé que trato de engañarme a mi misma. Sigo esperando, aunque con pocas esperanzas, de que llegue un mañana distinto.

Hablo de mis preocupaciones con mis compañeras de preescolar, pero me callo ante tu padre y me enfado con mis hermanos cuando tratan de insinuarme que tu comportamiento es anormal, cuando tratan de hacerme ver que podrías ser autista. “Autismo”. Es la palabra prohibida. Me niego a escucharla y a pronunciarla. No sé ni como me he atrevido a escribirla. Tú no puedes ser autista ¿cómo vas a serlo? ¿Acaso no te han visto acurrucarte entre mis brazos?, ¿No te han visto recibirme con saltos y sonrisas? ¿No se dan cuenta de que tus ojos dicen lo que tu boca calla?

Ellos no han sentido tu manita acariciando mi cara. No han escuchado nunca a tu corazón decir todo lo que callan tus palabras. Es cierto que sólo eres así conmigo. Es cierto que parece que sólo yo sé ir más allá de tu apariencia. Yo quiero mantener la esperanza. Espero el resultado de los potenciales evocados. Sé que no eres sordo, pero quizá sufras hipoacusia y todo pueda resolverse con una pequeña operación. Llevo dos meses esperando que me llamen del Gabinete Psicopedagógico. Les solicité una valoración pero por lo visto la psicóloga está también embarazada y de momento debo seguir esperando.

A pesar de mi miedo he comenzado a dar pasos. Si de verdad eres “especial” de nada me servirá negarlo. Aún eres muy pequeño, estás en el mejor momento de iniciar tus aprendizajes. Yo he intentado trabajar contigo cada tarde pero… me siento frustrada. Me pregunto cómo es posible que sacase siempre sobresalientes en psicología, pedagogía y preescolar si luego nada de esto sirve para ayudar a mi propio hijo.

A veces me siento derrotada y sin fuerzas, y ahora este nuevo bebé que crece dentro de mí….

No sé dónde está el error. Quizá debería dejar mi trabajo y dedicarme sólo a ti. He tratado de que en la guardería colaboren conmigo para sacarte adelante. Me he atrevido a llevarles una relación de objetivos que deberías conseguir para ponerte a punto en aquellas áreas en las que fallas. Les he fotocopiado incluso un montón de actividades para conseguir dichos objetivos,  pero… se limitan a decirme que eres raro, te comparan con Jorge que “era tan listo” y… yo vuelvo a sentirme sola y frustrada.

Quisiera pedirte perdón por mantenerte en esta guardería. Cada mañana, en cuanto el coche enfila la calle tú comienzas a llorar. Me cuesta dejarte porque te agarras con fuerza a mi cuello y me miras como suplicando que no te abandone. Las cuidadoras aseguran que se te quita pronto y yo no dispongo de tiempo para quedarme tras la puerta y averiguarlo. Pero he decidido hacerte un regalo: a partir de ahora, abuela Trini te recogerá cada día a las 11 de la mañana con lo que sólo estarás allí tres horas.

He notado que te gusta abuela, te sientes feliz en sus brazos y eso me consuela. A mi me gustaría ser así de pequeña y que ella pudiese abrazarme, calmar mis temores y despejar este terrible dolor que siento al mirarte. El dolor de sentir que te vas, que no puedo retenerte, que no siempre puedo llegar hasta ti…

Mañana haremos tu fiesta en Colorines, espero que no llores cuando cantemos “cumpleaños feliz” y si tanto te asusta podemos pasar de repetirlo. Jorge está dispuesto a ayudarte con las velas. Papá y yo sólo queremos lo mejor para ti. Perdona si fallamos en muchas cosas. A veces es tan fácil olvidarnos de que estás ahí. Apenas demandas nada. Mientras Jorge me vuelve loca con su parloteo, tú te conformas con sentarte en el suelo rodeado de carátulas de Disney.  Abrazado a tu amada “AKIKA” (Pocahontas). Papá trabaja cada tarde en el secretariado de enseñanza y prepara su tesis, así que nosotros vamos al parque cada día. Marta y Jose nos acompañan. Ella me ayuda con ustedes.

En el parque yo corrijo los trabajos de mis alumnos, Jorge monta en su moto o juega a fútbol y tú te mantienes a mi lado, gritas cuando se te acerca un niño o corres de un lado a otro, como quien va por la vida sin un destino. Yo aún no sé cuál es tu destino, hijo mío. La vida comienza para ti. Pero sea cuál sea y pase lo que pase, siempre podrás contar conmigo.

Te quiero
Besos. Mamá

                                                            28 de marzo de 1997

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