La Laguna 25 de agosto de 2011


Llegamos sobre las tres de la tarde.  Todos, excepto algunos educadores, estaban comiendo. Alejandro se levantó en cuanto nos vio y se dirigió a saludar a Jorge. Tras el abrazo la pregunta: _ ¿Vas a cumplir 18 en octubre?  Luego saludó a Javi, el abrazo y la pregunta: _ ¿En noviembre serás mayor de 14 años  y tendrás bigote?

No se terminó la paella, lo cual me resultó sorprendente. No sé si tanta excitación le robó el apetito. Estaban bailando desde las 10 de la mañana, según nos contaron. El ambiente que se respiraba era de fiesta y alegría.

Alguna que otra mosca osó posarse sobre el mantel y para mi alegría y sorpresa, Alejandro no le prestó ninguna atención. Ni siquiera le dijo aquello de: _Mosca, ¡cochina!, ¡Vete a tu casa!

El juego entre el Hermano Martín y Carmen Rosa terminó con ésta  dentro de la piscina, con ropa y zapatos. Lo que aprovechó Alberto para hacer lo mismo y al que  le siguieron otros muchos, entre ellos Alejandro y el Hermano Martín. Ya antes se habían mojado en la batalla de los globos de agua. Ahora remataban disfrutando a tope del momento.

Compartimos el video del viaje a Córdoba y nos reímos mucho con Rita, Bárbara y el chico de la interminable lista de alimentos.  Tras el vídeo llegó la fiesta de cumpleaños de Sergio que cumplía 16. Estaba emocionado. La tarta era preciosa y él estaba plenamente feliz. También su madre y su padre.

Luego vinieron los bailes y las canciones. Los chicos habían ensayado un par de ellas para dedicarnos a las familias, hermanos y educadores. Alejandro también cantó.  Mari, la hermana de Roberto, nos deleitó con una canción en inglés y una voz preciosa.

Fue una experiencia estupenda. Otro modo de compartir con mi hijo, los otros chicos y las excelentes personas que los cuidan y les ayudan a encontrar formas más adecuadas y efectivas de resolver los conflictos y enfrentarse a la realidad. La de ellos y la nuestra.

Disfruté también de mis tres hijos. Pretendía que Jorge y Javier conocieran y compartieran la nueva vida de su hermano.

A las 7 nos despedimos. Alejandro se quedó imbuido en la fiesta en la que sentí tanta alegría, compañerismo y amor.

Nos llevaron al aeropuerto Víctor y René. Subí al avión con la tranquilidad de que mi niño está en un buen sitio, acogido por una gran familia de la que también yo me siento parte.

Llegué a casa cansada pero feliz, muy feliz, y… tranquila. Sé que mi tesoro está en buenas manos ¿qué más se puede pedir?

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  1. Pingback: Otro Blog para Alejandro | Margullando por el Diario de la Esperanza

  2. impresionante ¡como siempre Trini! aunque no hablemos te sigo cerca, porque a pesar de la distancia, ya sabes donde estoy, y siempre estaré. muxos bss. gemma

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