La Laguna 7 de julio de 2011


Salimos del avión a toda prisa. Las 16.30, hora de llegada. Éramos puntuales. No descubrí su rostro entre el de las personas que esperaban de pie junto a la barandilla y temí que no estuviera.  De pronto entre quienes esperaban  sentados al otro lado, alguien saltó y corrió hacia nosotras. A penas rozó mi mano. Sus ojos, su cuerpo y toda su alegría y amor se concentraban en mi madre. ¡Abuela! Exclamó y se abalanzó hacia ella. La llenó de besos, abrazos, ternura… Cantaron a dúo los pajaritos que van por el agua… y rieron. Y sus risas penetraron en  mi alma llenándolo todo de paz y alegría.  Luego un beso a mamá, un abrazo y todala atención para la Abuela Trini.

Ya en el coche la abuela no pudo esperar para darle su regalo: un paquete gigante de Maltesers, por el que recibió más besos y abrazos.

Llegamos a la casa.  En la puerta estaba Alberto, un chaval con alas de mariposa que agitaba ante sus ojos un papel. Se acercó a saludarnos en cuanto bajamos del coche, con su gran sonrisa y la alegría en los ojos. Ojos que decían todo lo que no pueden expresar sus palabras.

Alejandro enseñó su cuarto mi madre y le pidió los Maltesers. Entre Alberto y Alejandro dieron cuenta de
casi todo el paquete. Bárbara nos acogió con una gran sonrisa y nos presentó, en el salón, al resto de  la casa. A
Laura, otra educadora. A Davinia una niña de 12 años que llevaba solo 48 horas en la casa. Volví a encontrarme con Ivan, Zuleima, Tomás, Juan, Sergio (que nos recibió con una estrofa de la canción: Como una ola), Alexander que dijo ser tímido y por eso no me saludaba. Más tarde llegó Rita. Bailó conmigo “el tacón punta” y con Alejandro la Macarena.

Fue una tarde divertida. Llena de alegría y de fiesta. Mi niño estaba muy bien. Se le veía muy feliz. No volvió a mencionar nada sobre ir a casa aunque intentó dejarme muy claro que en septiembre tendría que estar en Las Palmas para estar con Paqui y Mari Sol en Tránsito a la Vida Adulta en Siete Palmas.  Me tocó volver a matar su ilusión. Le expliqué que en Septiembre iría a un nuevo Colegio en Tenerife donde  estudiaría Universitario de Tránsito a la Vida Adulta.

Insistió en la necesidad de estar en septiembre en casa. Hoy es el día 144 y  en el 200 tengo que ver Heigh Ho en inglés y en formato VHS.  Volví a romper su sueño. El día 200 aún estaría en Tenerife y allí no había VHS para poder ver Heigh Ho en inglés. Intentó convencerme de la importancia de estar el día 200 en Las Palmas para ver el VHS. Que llevaba  esperando 144 días y que el día 200 tenía que verlo. Le dije que esperará a 2013 para contar los días, que en 2011 y 2012 estaría en Tenerife y no había VHS. Me miró muy serio y me repitió: “Trinidad el 1 de septiembre es día 200  y voy a estar en casa, Plazoleta de Perón 7, 2ºD para ver Heigh Ho en inglés en VHS. Y también tengo que ver a Javier y Jorge”.  Le respondí que no, que el 1 de septiembre no podría ser, me dijo  que entonces sería el día 202, sábado 3 de septiembre de 2011. (Ssabe que los vídeos, en casa, sólo los puede ver los fines de semana)  Me llevé un pellizcón. Él intentó convencerme por todos los medios. Me propuso que le llevara el VHS para ver la peli en Tenerife.  Finalmente se quedó tranquilo con un “ya veremos”. Al poco olvidó el tema y volvió a reír, cantar, bailar con Rita y a abrazar a su abuela.

Le vi feliz. Integrado y obediente. Nosotras nos llevamos algún pellizco con el que nos recordó que aún sigue ahí.

Decidimos que no nos acompañara al aeropuerto. Él se dirige al aeropuerto sin saber a quién va a buscar. Después siempre se lleva una gran alegría: papá y mamá, abuela y mamá… y la próxima vez quién sabe qué sorpresa aparecerá por esa puerta.  La puerta del reencuentro. No quiero que vincule el aeropuerto  con el dolor del adiós. Con la pena de irnos y dejarle al otro lado del cristal. El aeropuerto será para él, referente de sorpresas, abrazos, besos y alegría.

Nacho nos llevó. Estuvimos hablando de la musicoterapia, del taller de informática, nos despedimos con un beso y corrimos al avión pues ya  todo el mundo había embarcado. Media hora después estábamos otra vez en casa. Con el corazón contento y la alegría en la mirada. Con esperanza en los bolsillos y la seguridad secreta de que todo va a salir bien.

Soy sabedora de que estoy en un momento diferente en mi vida. Se me ofrece la oportunidad de vivir el hoy y el ahora siendo plenamente consciente de cada trecho del camino. Disfrutando sus momentos buenos y viviendo también los malos pero cargados de optimismo. El mañana se construye a base de ahoras y los míos están plagados de esperanza.

Gracias Alejandro por seguir batallando contra el monstruo. Gracias por ser quien eres. Te quiero pequeño.

Besos.  Mamá.

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  1. Como siempre, me emociono demasiado. Tendré que ir leyendo muy despacito.
    Me siento muy feliz de que Ale progrese y, sobre todo, de que se encuentre feliz. Un beso.

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