Las Palmas 14 de septiembre de 2011


 ¡Qué tarde es! ¡La una de la mañana!  Pero no quiero acostarme sin dedicarte unas palabras.

Hoy ha sido un día especial.  ¡Philip comió espaguetis! El puré ni lo probó pero en cuanto le puse el plato de espaguetis trató de pincharlos con el tenedor se le resistían así que terminó  cogiéndolos con las manos. Chupó la salsa de tomate (que como a ti,  le gusta mucho) y finalmente se  atrevió a llevarse un espagueti a la boca. Y para sorpresa de todas, lo comió. Contuvimos el aliento mientras comía. Ni siquiera un: ¡muy bien Philip! Alegría contenida. Silencio impuesto por miedo a que se rompiera la magia del momento. Philip tiene 6 años, autismo y muchas dificultades con la comida: no soporta determinadas texturas, colores de alimentos, mezclas… así pues su alimentación se limita a un repertorio muy pequeño. Qué pruebe y acepte un alimento  nuevo es un gran logro. Casi un pequeño milagro. No importa que lo coma con la mano. Tras el postre llegó por fin mi beso y mi abrazo. Él me respondió con una sonrisa y un empujón. No le gusta nada que lo achuchen sin embargo, en ompensación,  me ofreció un pequeño gritito, una mirada cómplice y una invitación a jugar  al pilla, pilla. Todo eso sin palabras.

Ha sido un día especial. Cada día es especial. En los tiempos que corren me siento muy afortunada. No sólo tengo trabajo sino que  éste me apasiona.  Cuando llega la noche me gusta reflexionar sobre el día. Ya hace años que me propuse, por salud mental, deleitarme con lo mejor del día. Reconozco que a veces ha resultado una empresa difícil. Ha habido días muy duros. Días en que  lo mejor había sido  esquivar a tiempo un plato, teléfono  u otro objeto volador, echarme unas risas o poder dormir una siesta…

Mañana es jueves. Te llamaré por teléfono. Me encantaría que me hablases de tu cole nuevo, de tus profes, tus compañeros… que me dijeses si te gusta o qué has hecho. Pero imagino que tú preferirás cantarme tus canciones, decir tus ecolalias y hablar de la Duquesa de Alba. Que por cierto se nos casa.  Yo seré feliz de todas formas. Escuchar tu voz, tu risa, tus cantos. Sentir tu alegría. Compartir, quizá no lo que deseo pero compartir,  a fin de cuentas. Sólo aquél que ha aprendido a escuchar el silencio puede entender la dicha que eso representa. Sí, Alejandro, mañana compartiremos. Esta noche, por lo pronto, te mando un millón de besos.

      Te quiero Alejandro y desde esta orilla te deseo dulces sueños.

Mamá

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