La Laguna 22 de septiembre de 2011


El otoño empezaba a imponerse al verano. La lluvia y la niebla cubrían el aeropuerto de Los Rodeos. Subí al avión feliz, esperanzada y segura de mi misma y de mis posibilidades. Convencida de estar haciendo lo mejor para todos.

Alejandro estaba feliz. Radiante. Me comentó que “estaba cansado del viaje y que deseaba volver a casa”. Le repetí lo de la universidad de Tránsito a la vida adulta y él me confesó que universitario de Tránsito en Drago es igual que Secundaria en Siete Palmas. Su cara parecía decir: – Nos han engañado Trini.  Entonces le hice ver que ser universitario de Tránsito no era sólo en El Drago sino también en Jardina, en Manolo Torrás y en el piso. Una vez más conseguí convencerle con mi entusiasmo. Resulta tan sencillo convencer a quien no entiende la mentira. Aún así, insistió en que quería volver a casa y cuando le pregunté por qué teniendo en cuenta que la vida para Alejandro es mucho más sencilla que para nosotros. Entonces comprendí que quería venir a casa para ver su peli de VHS en inglés. “Al menos el dos de octubre, Trini”. Le conté que le había comprado a Juan Carlos un aparato para pasar a DVD los vídeos de VHS. Se le iluminó la cara, y es que Juan Carlos es todopoderoso en cuestión de ordenadores y vídeos para Alejandro. Le expliqué que había pasado a DVD todos los Canta con nosotros en VHS y que estaban allí, en Tenerife.  Entonces volvió la mirada a Vidina: _¿Podré verlos? – le preguntó y se alegró cuando ella le dijo que sí que cuando lo mereciera y ellos lo decidieran. No volvió a decir nada sobre volver a casa.

El jueves hubo Escuela de padres. ¡Me encanta! Me parece una buena herramienta para compartir, aprender, divertirnos y especialmente para reflexionar. ¡Enhorabuena a los profesionales que la hacen posible!

Me siento en paz aunque aún no he perdido el miedo. No es miedo a Alejandro, ni a lo que pueda hacerme. Temo que todo esto funcione sólo en Tenerife y que cuando regrese a casa la pesadilla comience de nuevo. Me digo a mí misma que no va a ser así, que no estoy dispuesta a que sea así, pero… aún no se ha ido el miedo.

No quiero mirar atrás. Detenerme en el pasado no conduce a nada. La vida es un tren que pasa. O te subes a él o pierdes el viaje. Sin embargo… me queda mucho por recorrer para aprender a deshacerme de todo lastre: el dolor del pasado, la prisa por disfrutar a tope del presente, el miedo al futuro…

Vivo la vida como un regalo. Aprovecho a tope cada minuto de la paz que se me brinda. Disfruto del vivir sin estar permanentemente en estado de alerta, en tensión. Disfruto de poder estar conmigo misma. Disfruto de mi anarquía. No vuelco todo mi tiempo y mi pensamiento en mis hijos.  Tengo tiempo para mí. Y lo DISFRUTO con mayúsculas.  Saboreo el placer de sentarme a leer un libro y poder perderme en sus páginas sin miedo a romper el hilo que me sujeta al presente y me mantiene en alerta.  Disfruto el rato en el que me siento con amigos a tomar una Coca Cola y  echar unas risas.  Despierto con una sonrisa cada mañana tras haber podido descansar con todas las bombillas del cerebro apagadas.  Poco a poco voy desconectando las alarmas y me libero.

Me resulta duro que Alejandro tenga que estar lejos para poder sentirme así, para permitirme sentir así. Aún me azota la culpa. Y me siento mal cuando me sorprendo angustiada pensando que si Ale está tan bien, quizá decidan que en enero vuelva a casa. Y me veo confrontando sentimientos. Por un lado la alegría de tenerle y por otro el miedo de aún no estar lo suficientemente fuerte. El miedo a romper el encantamiento y a que se escurra la paz y la alegría entre los dedos. Temo  que todo vuelva a  ser gris. Temo volver  a sentir miedo.

Aún me siento “En Construcción”, como esas entradas de las páginas web a las que todavía no hemos podido dar forma. Y cada día soy más consciente de que el formato de esa página depende más de mí que de Alejandro. Depende más de mi que de cuanto me rodea. Soy yo quien vive mi vida. Yo quien decide si quiero que sea positiva y cargada de ilusión o de desesperanza. En realidad siempre ha sido así. No es nada nuevo. Por eso me he mantenido a flote, a la deriva, con cicatrices, temblando, con miedo… pero a flote. No es que no me importase la marcha de Helio. No es que ya no me duela su ausencia. Simplemente trato de vivir el presente sin dejarme vencer por el dolor o el miedo. Soy consciente de que habitan en mí pero no dejo que me invadan.  Cubro mis flaquezas con lucha. Y si me caigo una vez me levanto dos.   Tampoco he dispuesto de tiempo para ordenar mis emociones. La vida, mis hijos y los acontecimientos me empujaban a  vivir. El malestar de Jorge, los problemas de Alejandro, la desidia de Javier, la marcha de Helio… Tenía que levantarme y seguir adelante. No había tiempo para filosofar y, a veces, ni siquiera para llorar o para dejarse llevar por el desasosiego.

Pero tanta lucha también pasa factura y en enero de este año tomé conciencia de que estaba llegando a un punto en el que no podía más. La cuerda estaba demasiado tensa y amenazaba con romperse. Si se rompía y me caía quizá, esta vez, no tuviese fuerzas para levantarme de nuevo.

Entonces aquella mañana, impulsivamente, me encaminé al cole de Ale y pedí los papeles para solicitarle una plaza en la residencia escolar. Hacía falta un informe social así es que sobre la marcha llamé a  Isabel  y le dije que en unos minutos estaría en el Hospital de día para que me lo hiciera. Llegué a su despacho llorando y temblando. Me resultaba duro reconocer que no había podido con todo y que necesitaba ayuda. Que me daba cuenta de que me encontraba al límite y precisaba compartir mi responsabilidad respecto a Alejandro. Había decidido dejarlo de lunes a jueves en la residencia escolar. Sabía que no era fácil conseguir una plaza. El director me había comentado lo difícil que era teniendo en cuenta sus graves problemas conductuales  y el escaso personal de que disponían, los recortes presupuestarios, etc. Cierto. Pero ése era problema de la Administración. Bastantes problemas tenía yo encima como para asumir aquellos que no me competían. Además, estaba segura de que Alejandro conseguiría la plaza. Isabel me propuso ir más allá. Buscar una solución más permanente aunque fuera temporal. Le contesté que no. No estaba preparada para ello ni lo veía necesario. Me había costado mucho dar ese paso. No estaba preparada ni dispuesta a  dar ningún otro. _ Cada cosa en su momento- le dije. Si eso tiene que llegar llegará pero no ahora. No hoy.  Yo necesito saber por dónde piso. Puedo solicitar ayuda para que me indiquen el camino, apoyo para dar un paso pero… “soy yo quien debe caminar”.

Cuando salí del H.D. Infantojuvenil aún me atenazaba la culpa pero ésta iba disminuyendo conforme tomaba conciencia de que era una decisión acertada. Y la angustia se fue transformando en paz.  Siempre he sido realista. Me sabía al límite y necesitaba tiempo para recomponerme. Se lo debía a mis hijos. También a Ale pero sobre todo y especialmente a mí misma.

Luego todo se precipitó. Los acontecimientos me empujaron a tomar una decisión aún más dura. Pero hoy sé que sin esa primera luz no hubiese sido capaz de aceptar  que Ale marchase a Tenerife. Hay quienes opinan que tenía que haberlo hecho antes. Yo creo que las cosas ocurren cuando deben ocurrir, ni antes ni después.  A veces es preciso allanar el camino y limpiar el polvo para ver más claro y  llegar hasta donde debamos ir. Hoy estoy segura de que el camino que recorremos es el adecuado.

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  1. Céntrate en ti, pero de verdad, saca lo podrido, permítete llorar, reír, bailar… Reencuentrate, llevas muchos años en los que la vida no te ha permitido mirarte dentro. Mírate, mimate, ponte guapa, ponte el mundo por montera. Disfruta de la vida, te lo mereces, lo necesitas.

  2. Me gustaría que supieras lo orgulloso que me siento de ser tu hermano.
    Hace ya años que te comenté que tenías que tener tiempo para tí, para quererte a tí misma. Que existían centros y personas buenas y profesionales que ayudarían a Alejandro y a tí. Gracias a Dios, las cosas van por buen camino.
    Relajate, vive y quierete, porque lo vales.
    Te quiero mi nena.

    • yo t kiero q sepas lo orgullosa q m siento de ser tu sobrina!!!eres una tia muy fuerte y lo demuestras a todas horas, con cada sonrisa… un ejemplo para todos, sin ninguna duda, las cosas van por buen camino (aunke no gracias a Dios, sino a ustedes y a la gente buena) sonríele siempre al camino como sé que haces y él te sonreirá a ti!!! te quiero muchisisisisimo!!

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