SIETE COLORES DEL ARCOIRIS: AZUL


images (10)

El mar estaba tranquilo. Su azul intenso invitaba a sumergirse en él. Ana se acercó hasta la playa. El vaivén de las olas la invitaba a intentarlo de nuevo. Una vez más. Al menos una vez más. Respiró hondo dejando que el aire con olor a mar penetrase  profundamente en sus pulmones.

Miró al horizonte dejándose llenar del azul en el que el cielo y el mar se confunden. Estaba preparada. Deseaba hacerlo. Se puso las gafas, se colocó el tubo en la boca y se introdujo en el mar.

El mar siempre había sido su aliado. Cuando se sentía triste acudía a la playa a observar el mar. Cuando se sentía feliz se bañaba en él fundiéndose en su inmensidad. Cuando algo la enfadaba fundía su furia con el romper de las olas de un mar embravecido… El mar siempre había estado ahí. De niña, sus padres alquilaban una casita en la playa y ella se dormía  con la ventana abierta, escuchando el mar.

Comenzó a nadar hacia dentro. Sólo escuchaba el silencio de las burbujas y el sonido de su propia respiración. Una banda de peces pequeños pasó a su lado. Las algas se agitaban en el fondo y sobre las rocas. Todo era armonía. Era fácil perder la noción del tiempo. Los buceadores hablaban de la sensación de paz y libertad que sentían allí abajo. Sin embargo ella no se atrevía a bajar. Si lo intentaba sólo conseguía tragar agua, así pues se conformaba con mantenerse en la superficie. La soledad, el sonido de su propia respiración, la inmensidad del mar… no le produjeron paz. Comenzó a sentirse pequeña y perdida en la inmensidad del mar. Sintió miedo de los sonidos de su respiración, miedo del silencio, miedo de saberse sola, de sentirse perdida.  Asustada nadó hasta la orilla y sólo cuando todo se llenó de ruido se sintió segura. Se deshizo de las gafas y del tubo, las colocó a su lado y las miró de reojo. Ella y sólo ella sabía el reto que suponía. Esta vez tampoco lo había conseguido. Sin embargo estaba dispuesta a seguir intentándolo.

Ana sabia que sumergirse  equivalía a adentrarse en sí misma, enfrentarse a sus miedos, escuchar su propia voz. Algún día lo conseguiría. Miró de nuevo al mar. Caía la tarde el rojo del cielo se fundía con el azul del agua. A pesar de su fracasado intento no se sentía mal. Sabía que más tarde o más temprano conseguiría sumergirse y quizá por fin, encontraría la paz.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s