CREANDO LAZOS


“Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo…” Antoine de Saint- Exupèry “El Principito

ImagenAyer seguimos creando lazos y manteniendo los establecidos desde siempre, desde hace muchos años, desde hace meses, desde hace días o, simplemente, desde hace horas…

Ayer recorrí La Laguna en compañía de mi madre y de mi hijo Alejandro.

El lazo con mi madre fue establecido antes de mi nacimiento. Cuando mi corazón latía encerrado en su vida.

Ella siempre ha estado a mi lado, recorriendo mi camino, llevándome de la mano, siendo fuerte cuando yo no tenía fuerzas, siendo playa serena cuando el mar de mi vida estaba embravecido. Mi madre siempre ha estado incluso, cuando yo pensaba que no estaba. Mi madre me ha sostenido incluso, cuando ingenuamente, pensaba que yo la llevaba en brazos. A mi madre no le sale decir “Te Quiero” pero sabe demostrarlo. Mi madre, esa mujer fuerte de la que me siento tan orgullosa. Mi madre, esa mujer de la que sigo aprendiendo. Mi madre, esa mujer a la que quiero seguir conociendo y junto a la que deseo seguir caminando.

Ayer cuando regresábamos en el avión, posé un inesperado beso en su mejilla y le dije que la quería. Una lágrima se desprendió de su ojo pero quiso esconderla. Su mano quiso deshacerse de la mía pero la retuve con fuerza. A veces dice más un gesto o una palabra que un largo discurso.

Últimamente he vuelto a expresar espontáneamente mis emociones. Quizá porque vuelvo a ser dueña de mí misma y de mis sentimientos. Quizá porque he decidido SER FELIZ.

La llegada al mundo de Alejandro supuso un cambio en mi vida. Como lo ha sido la llegada de cada uno de mis hijos, pero Alejandro venía con un secreto. Traía consigo una forma distinta de ver el mundo, de sentir: la vida, las personas, los olores, los sonidos, los sabores… Con Alejandro llegó a mi vida el Autismo. Y de su mano he aprendido a vivir y a ver la vida de un modo diferente. Mi hijo me ha hecho fuerte. Me ha enseñado a levantarme tras cada caída, a mantener viva la esperanza y a luchar por llegar siempre un poco más allá. He aprendido a valorar los pequeños logros, los pequeños gestos. He aprendido a hacer una fiesta de acontecimientos, palabras y gestos, que para otros son triviales. Con Alejandro he aprendido a disfrutar con la arena que se desliza entre los dedos, a observar el vuelo de una mariposa, a reconocer la importancia expresiva de una imagen… He establecido un código comunicativo que va más allá de lo verbal: puedo entender lo que siente con solo mirarle a los ojos, con observar su lenguaje corporal. He aprendido a reír en circunstancias en las que otros llorarían. He aprendido que la vida no siempre nos da aquello que esperamos o que deseamos, pero sin duda nos da lo que necesitamos.

Ayer, también nos reencontramos con Maritza.Imagen

Dicen que los verdaderos amigos son aquellos a los que nos seguimos sintiendo unidos a pesar de la distancia y del tiempo; a pesar de los años no compartidos. Con Maritza compartí una parte importante de mi pasado, por eso sigue estando en mi presente. Por eso sé que puedo contar con ella y espero que ella sepa que puede contar conmigo.

Tras nuestro paseo por La Laguna, nos encontramos con Cande y con Luis, con ellos pasamos el resto del día.

Cande se subió a la guagua de mi vida, casi al mismo tiempo en que Alejandro comenzaba su vida en Tenerife. Ha sido compañera, consejera, hermana y amiga. A veces la vida te empuja a relacionarte con otros pero en contadas ocasiones ESTABLECES LAZOS. Y de alguna manera sabes, desde el principio, que esa persona va a ocupar un lugar importante en tu vida.

A lo largo de los años y de la mano de Alejandro he conocido a gente maravillosa. Gente a la que, sin Alejandro, quizá no hubiese conocido. De su mano llegué al mundo de la Educación Especial, por él me especialicé en este ámbito educativo y he compartido con gente estupenda, compañeros, alumnos, padres… Por Alejandro fundé ACTRADE  y en Actrade he conocido muchísima gente especial, entregada, luchadora… A los profesionales me une su entrega y amor por el mundo del autismo, a las familias me une un sentimiento profundamente compartido.  Ahora Alejandro me ha llevado a Tenerife. En La Casa Familiar Manolo Torras de los Hnos. Franciscanos de Cruz Blanca he encontrado una familia formada por chicos y chicas con y sin autismos, por los profesionales que luchan y velan por ellos y una familia, como no, formada por otras familias. Todos somos una piña y yo me siento muy orgullosa y agradecida por formar parte de ellos.

Ayer fue un día de ENCUENTROS con muchas personas con las que he establecido lazos. También Alejandro aprovechó sus cualidades para “establecer lazos a su modo”. Primero en Wehbe, preguntó el nombre y apellidos a la dependienta, le dio un beso y un sinfín de abrazos. Luego, ya en caja, comenzó a hablar con una señora llamada Ana, maestra (que resultó ser de Buenavista del Norte y que pidió a Alejandro que le mandase saludos a Walter). En el restaurante, Ale preguntó su nombre a la camarera y para nuestra sorpresa ésta le respondió con una pregunta: ¿No me recuerdas?. Alejandro dijo: eres Miriam. Ella dijo:__ No, Alejandro ya te he dicho que mi nombre es Alejandra, pero veo que sigues empeñado en llamarme Miriam._Así fue como recordé que esa camarera ya nos había atendido cuando, en Carnaval, pasé un día con Alejandro en La Laguna y fuimos a una pizzería.

Y la gente se empeña en decir que las personas con autismo no se relacionan, con lo fácil que es decir: “Sí se relacionan pero lo hacen  de un modo DIFERENTE.”. Reconozco, que a veces, me cuesta aceptar que mi hijo pregunte su nombre a un desconocido y, en cuanto lo sabe, entiende que ya es alguien conocido, así que esa persona recibe un beso y un nuevo nombre, si él lo cree oportuno, el nombre que, según mi hijo debería, llevar. Esta es su forma de relacionarse. Yo soy Mª del Mar, él es Manolo, Jorge es Manuel,  Javier es Samuel, Raquel es Davinia, Marta es Olga… y así cada persona tiene un nombre y a veces incluso el privilegio de contar con una frase o una canción. Si el lazo con esa persona es muy fuerte, de seguro tendrá para Alejandro un nombre especial, una frase y una canción. Es su modo de CREAR LAZOS.

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Nuestras conversaciones teléfonicas siempre se inician de la misma forma. Tras el convencional: _”¡Hola Trini! ¿Cómo estás?_ vienen sus frases importantes: _ Mi hermano Jorge tiene 20 años y Javier ya es mayor de 16 años, yo  cumpliré 19 el 28 de marzo de 2014. Suit es un perro muy bruto y Marta Artíles también se ríe.”_ Sin esas frases Alejandro no puede continuar conversando adecuadamente y es que si seguir una conversación es para él algo, extremadamente difícil, hacerlo por teléfono lo es aún más. Por eso, imagino, él precisa de unas frases familiares que le aportan seguridad y le dan confianza. También yo tengo que responder a cada una de ellas de un modo determinado.

Hasta ahora, he estado empeñada en que cambie su forma de interactuar pero hoy me pregunto: ¿Por qué debe dejar de decir esas frases que le aportan seguridad?,¿Qué tiene de malo recorrer el camino dejando al paso besos, risas, música y abrazos? Alejandro tiene el don de poner una sonrisa en el rostro de personas desconocidas, tiene el don de romper las barreras que nos protegen de los desconocidos. Y así, “desde su dificultad para relacionarse”, él y yo seguimos creando lazos con cuantos nos rodean; convirtiendo el mundo en un lugar donde cabemos todos.

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  1. Pingback: CREANDO LAZOS | Cartas al arcoiris

  2. Me ha encantado esta entrada. Desde el momento de encuentro con tu madre, que creo que todo el mundo debería encontrarse de esa manera, en algún momento de su vida, ya no sólo con su madre si no con todas aquellas personas importantes en nuestra vida, que normalmente suelen ser parte de nuestra familia.
    Con las personas que elegimos para acompañarnos en nuestra guagua, solemos ser más expresivos y prestar mayor gratitud, que aquellas que llevan nuestra sangre. Porque por una extraña razón pensamos que ya lo saben, o no sabemos cómo hacerlo, o no tenemos tiempo.
    Y tú ayer fusite capaz de encontrar ese momento, el tiempo y las ganas, y no con una sola persona. Fue lo que se dice un día completo.
    Por todo esto, por el día de ayer y por otros días pasados y futuros:

    GRACIAS

  3. ¡Qué bonito hermanita! ¿Por qué enseñarle a relacionarse con los otros como los demás, si él tiene su manera exclusiva y maravillosa de hacerlo? Jamás se le podrá robar la inocencia; deberíamos aprender de él. Me alegra verte feliz y disfrutar tanto de cada instante. Te quiero. PD. Estás guapísima. ¡Mua!

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