EL VIAJE


Apenas durmió,  consciente de que ese día se iniciaba una etapa nueva en sus vidas. Había preparado con mimo la maleta de su hijo. Una maleta en la que apenas había espacio para todos sus besos, los abrazos, las caricias… Para él, el viaje había comenzado tres meses antes, cuando tuvo que regresar a aquella sexta planta de hospital el mismo día que cumplía sus 16 años. Aquella planta en la que los pacientes deambulaban por los pasillos como fantasmas, como almas perdidas. Todos vestidos igual. Todos con sus pijamas celestes. Todos, hombres, mujeres más jóvenes, más ancianos… todos sedados, desprendidos de dignidad, arrastrando los pies y esperando a las seis de la tarde para encontrarse con aquellos rostros queridos. Encontrarse para reír, para llorar, para reprochar su aislamiento, para compartir su desolación o su ira… Y al otro lado de aquellas dos puertas casi blindadas y con doble cerrojo nos encontrábamos cada día a las 17´50 los mismos rostros atribulados de los familiares que acudíamos a la visita. Susurrábamos un buenas tardes y bajábamos la vista. Cada uno sumergido en su dolor, cada uno haciendo un esfuerzo para pintar en su rostro una sonrisa con la que saludar a quién nos esperaba tras aquellas cerraduras.

Aquellos últimos 20 días “del viaje de Ale” los había pasado en Madrid. La estancia se había alargado 10 días más de lo previsto. 10 días que ella aprovechó para dejar de lado el dolor y disfrutar a tope del tiempo con su  “pequeño”.

La maleta iba cargada de pijamas  y de esperanza. A él sólo le habían dicho que de Madrid irían a Tenerife. Él deseaba finalizar aquel largo viaje y ella no tenía valor para explicarle que, en realidad, el viaje acababa de comenzar.

DSC00024Ya en Tenerife se sentaron en un jardín, en una mesa y bancos de piedra. Ella sacó un lápiz y un papel. Él se dispuso a VER aquella nueva Agenda. Su madre le dibujó que él se quedaría en Tenerife mientras papá y mamá regresaban a casa. La pregunta llegó cortando el aire ¿Cuándo se va a acabar el viaje? Ella reprimió las lágrimas que pujaban por brotar y dibujó en su rostro una triste sonrisa. Le explicó que ahora sería “Universitario de Tránsito a la Vida Adulta” y que para ello debería quedarse en Tenerife. Le recordó que su prima Sara era universitaria y vivía en Madrid y que Elena era universitaria y vivía en Granada. Él agito al viento sus manos y desplegó una brillante sonrisa, feliz porque también él seria universitario.  Vivirás aquí, en una casa grande y muy bonita con otros chicos y serás muy feliz.  _”Dibújalo” pidió él y ella lo hizo. Tras mirar un rato aquel papel, él le devolvió la sonrisa. Estaba cansado del viaje, soñaba con regresar a casa pero confiaba plenamente en su madre y eso le reconfortaba. No hubo llantos, ni gritos, ni enfado, ni reproches…  Se despidieron. Ella lo abrazó intentando retener su aroma, acarició su cabeza y le dejó todo su amor. Reprimió las lágrimas, el dolor, el miedo… cuando ya él se había marchado, se acercó a Fran y Walter y les dijo solemnemente: _”Les dejo lo que más quiero. Por favor cuídenlo pero especialmente… QUIÉRANLO”.

Mañana, 2 de junio se cumplen  dos años de aquel día. Del día en  que Alejandro encontró a su otra “familia”.  La “Casa Familiar Manolo Torras” de los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca nos devolvió la luz cuando todo estaba oscuro. Ellos nos acogieron cuando todas las puertas se  cerraron. Jamás me han hecho sentir culpable, jamás me han mirado con lástima, jamás he sentido rechazo. Ellos acogieron a mi hijo. No se limitaron a cuidarlo sino a QUERERLO. Y le quieren tal y como es, sin juzgarlo ni alienarlo.  Ayudándolo a crecer como persona capaz.  A mí me han devuelto  la esperanza. Me siento parte de esa FAMILIA y estoy orgullosa de serlo.   Alejandro vuelve a ser un chico feliz. Está aprendiendo a resolver conflictos y a manejar sus frustraciones de un modo adecuado.

Alejandro ya cumplió 18 años. Su tiempo en “La Casa Familiar” supuestamente, ha terminado sin embargo aún ni él ni nosotros estamos preparados para su regreso a casa. Aún queda camino por recorrer. Es por eso, y porque en su misma situación se encuentran otros chicos, por lo que se quiere poner en marcha otro proyecto para dar continuidad al de menores. Un proyecto para chicos entre 18 y 25 años. En este nuevo proyecto están puestas nuestras esperanzas e ilusiones pero necesitamos colaboración.
Y yo creo que es importante que la labor que esta gente, mi gente, realiza debe ser conocida.  Así pues les invito a  escuchar la entrevista que les hizo una emisora de Tenerife:  (Tengan paciencia que empieza con un anuncio)
 página web: WWW.casamanolotorras.org
Yo, casualmente mañana viajo con Ale a Tenerife después de haber pasado en casa el puente del día de Canarias. Que distinto el  viaje de mañana del que emprendimos dos años atrás… Y es que ahora ambos hemos vuelto a reír. Ahora somos felices.
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  1. Maravilloso relato querida Trini!! Expresas muy bien las emociones, sensaciones y sentimientos que hemos vivido de una manera muy similar todas las madres que hemos tenido que dejar a nuestros hijos en las manos de personas tan especiales y tan buenos profesionales: En mi caso el día del viaje de mi hijo Alberto tú has sido mucho más fuerte, yo no pude acompañarlo pues no me sentía con las fuerzas suficientes para ello, en mi lugar fue su hermano y una amiga , también profesional que los acompaño, yo me quede en casa con su hermanito pequeño con mi corazón roto de dolor y pena pues se había ido mi querido hijito, mi gran amor y toda mi vida, lo que más he quiero y quiero junto con sus cinco hermanos. Así le decía en una carta que envié al hermano Fermín donde le decía que me lo cuidara pues le entregaba lo que más quería. Coincidiendo su viaje con las Navidades aún fue más doloroso si cabe, de hecho fueron unas de las Navidades más tristes de mi vida. Recuerdo que en el día de Reyes estaba muy triste y muy mal y le llegue a decir a mi hijo que yo no podía con ese dolor, que me iba a buscar a mi niño a Tenerife, mi hijo me dio mucho ánimo y me dijo; después de luchar tanto para que el niño pudiera estar en un sitio idóneo donde pudiera mejorar y evolucionar vas a tirar la toalla mamá? Entonces ese mismo día llame al hermano Fermín el cual me dio mucho ánimo, sus palabras me tranquilizaron muchísimo y me reconfortaron, hasta tal punto que después de hablar con él me sentí muchísimo mejor, tenía la sensación de haber hablado con un ángel.

    Mis intenciones desde que me comunicaron el traslado de mi niño era de trasladarme a vivir a Tenerife, pero había que esperar que terminara el curso de mi niño pequeño. Desde el principio lo tuve muy claro, quería estar cerca de él para poderlo visitar con frecuencia pues lejos de él me sentía morir! Meses después nos trasladamos a Tenerife y aquí estamos. Nos sentimos apoyados por los profesionales y por los padres de los demás niños que son junto con los niños parte de nuestra familia, somos una gran familia!!!

    Mi niño está mucho mejor y va evolucionando, aunque se requiere mucho tiempo y paciencia pues necesita seguir con sus terapias para poder seguir mejorando y para aprender a comunicarse, algo tan importante en las personas con autismo! Aún queda un largo camino por recorrer, pero se encuentra en buenas manos y eso me tranquiliza

    Esa es una parte de mi experiencia querida Trini y deseaba relatarla en tu blog.

    Gracias por escucharme y por estar ahí.

    Mil besitos y un gran abrazo para ti y para toda la familia.

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