LA FIESTA DE GUATAO


Guatao es un pequeño pueblo de Cuba en el que una vez una fiesta terminó en una gran trifulca con numerosos heridos y algún muerto. Los cubanos emplean la expresión: “…Terminó como la fiesta de Guatao” cuando se refieren a algo que termina muy mal. Mi abuelo era un “indiano”, viajó a Cuba con 16 años en un “Correillo”. Regresó a los 24 hecho un hombre y con posibles para comprar casa y tierras de labranza. Enamoró a mi abuela, se casó con ella, tuvieron 10 hijos y juntos iniciaron la historia de mi familia (Los Luján).

Bien, el día de ayer también “terminó como la fiesta de Guatao”. Sigo sin saber la razón, puedo hacer conjeturas, pero desconozco el por qué y Alejandro es incapaz de comunicarlo.

Durante la cena comenzó con los lloriqueos. Decía que quería que fuese Octubre, que fuese miércoles, que quería llorar… No sabía explicar por qué quería llorar y eso le frustraba aún más. Traté de que lo dibujara pero sólo rayaba con rabia el papel hasta romperlo. Pensé que era un buen modo de descargar y le dejé hacer,  pero se cansó y siguió cenando. Comenzó a amenazar con dar portazos, escachar los plátanos, romper el ordenador, romper el vaso y cortarse con el cristal… Traté de ignorarlo. Finalmente explotó, como era de esperar. Dio varios portazos, rompió la pared, escachó los plátanos y tiró toda la basura por el suelo. Me empujó y me golpeé  contra el sillón. Cuando se calmó recogió  y limpió todo.  Se fue a la cama aún llorando pero a los 10 minutos cantaba y reía a carcajadas. Le recordé que estaba muy enfadada y que estaba castigado sin películas.

Al levantarse esta mañana sólo tenía una preocupación y era  saber si cuando llegase a Tenerife le dirían “malvenido” por haberse puesto nervioso y haber escachado el plátano.

Lo positivo: Tiene mucha más capacidad de autocontrol. Es  capaz de obedecer sin ir a más. Yo no sentí miedo en ningún momento. Me planté ante él exigiéndole que limpiase o barriese y no me achanté cuando levantó el palo del cepillo amenazándome con “partirme la cabeza”. Le agarré el cepillo y le obligué a soltarlo. Lo hizo. Más tarde me empujó frustrado. Pero también conseguí que se sentará en el sillón y que respirara hasta tranquilizarse.

Lo negativo: No sé qué lo provocó y él sigue sin encontrar el modo de expresarlo. Ya puede expresar sus emociones: estoy nervioso, enfadado… pero el por qué sigue siendo un misterio.

 Me pregunto si la causa fue la diferencia entre dos preposiciones: “DE y CON”. Porque no es lo mismo reírse con alguien que reírse de alguien. Y mi sobrina me contó que tuvo que enfadarse con tres niños que andaban burlándose de Alejandro y pidiéndole que hiciera cosas para reírse de él. En fin, puede que ese fuese el desencadenante o puede que no.

Hoy se ha despertado bien, preocupado por lo de “malvenido” pero asumiendo que no va a ver películas y que sólo podrá escuchar música una hora, después de comer. Esta noche se va con Helio  y ha hecho una lista con todo lo que quiere  ver en Youtube y en Vevo.

No me siento mal. Si Alejandro estuviera genial no necesitaría estar en Tenerife. Y si me ha estado probando,  creo que cada vez tiene más claro que aquí la que manda soy yo.  Así pues, en realidad, quizá el día no terminó como la fiesta de Guatao.

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Un comentario

  1. Felicidades Trini, creo que sólo el que puedas expresarlo así ya dice que has avanzado mucho camino, gracias por seguir ayudándonos a crecer y por darnos toda tu fuerza.

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