SEÑOR NINTENDO: …


OLYMPUS DIGITAL CAMERAUno de los juegos favoritos de Alejandro siempre han sido los relacionados con las maquinitas, ya fuese el ordenador o las Video Consolas (Play Station,  Gameboy…)  Llegó a tener hasta cuatro maquinitas de estas a lo largo de los años. Tenía unos  10  cuando su última  Gameboy  pasó a mejor vida. Tras una crisis nerviosa por no conseguir superar el nivel. Le encantaba jugar pero no soportaba perder. Así que, ya que el juego, en lugar de aportarle placer, se había convertido en una obsesión desquiciante,  decidí no comprarle ninguna más. Él estuvo insistiendo mucho tiempo para que se la comprara o se la trajeran Papá Noél o Los Reyes Magos. En aquella época la PSP se abría camino y la gameboy condenada a desaparecer, escaseaba. Pero Alejandro continuó tratando de  conseguirla. Cuando íbamos al Corte Inglés él mismo la pedía a las dependientas. Yo trataba de explicarle que “Ya no se fabricaba, que ya no se podía conseguir”. Llegué a hacerle una Agenda para tratar de que lo comprendiera. Pero él no se resignaba y seguía insistiendo en que quería una y en que se la buscara. El tema se convirtió en  otra obsesión y siempre que lo sacaba terminaba enfadándose casi tanto, como cuando no conseguía superar los niveles del juego. A pesar de ello yo me negaba a hacer concesiones, eso sí, con una Gameboy escondida en el armario por si la cosa pasaba a mayores pero manteniéndome firme en mi decisión de que no volviera a usarla, a menos que aprendiera a controlarse un poco más. Un día me preguntó qué quién fabricaba la Gameboy y le respondí que era de Nintendo. Él se fue a su habitación y al rato vino con una  carta que decía lo siguiente:

“Señor Nintendo soy Alejandro Ayala Romero y quiero que usted me fabrique una Gameboy Advance de color azul plata. Mi madre se lo paga luego.

Firmado: Alejandro”.

Admiré la capacidad de mi hijo para tratar de buscar una solución a un problema de su interés y le dije que tendríamos que esperar casi un año por la respuesta del señor Nintendo. Protestó porque “un año eran 365 días  y eso era mucho tiempo” pero una  vez más conseguí convencerlo y la Gameboy fue suplantada con el tiempo, por otros intereses y terminó en el olvido. Aunque todavía cuando le pido que escriba su carta a los Reyes se aventura a preguntar si ya habrán fabricado su Gameboy.

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