RECORDANDO. 9 de octubre de 2003. Carta a Javier.


Hace 11 años escribía esta carta

Mi pequeño Javier:

Quería decirte que iluminas mi vida, que me despiertas sonrisas, que me inspiras ternura. Solo que no sé disfrutar de todo ello. A veces te miro y me sorprendo de cómo has ido creciendo. Con frecuencia  me olvido de que no siempre serás así de pequeño, de que el tiempo es un soplo que se nos escapa y que debo aprender a vivir. Que debo gozarte y reír contigo, ser cómplice y no siempre juez de tus travesuras.

Llegaste a mi vida como un inesperado regalo. Me invadiste de felicidad en un momento en el que mi corazón lloraba por tu hermano. Tu hermano… ahí está, siempre en medio, dirigiendo nuestras luces y sombras. El te quiere Javi. Tú eres y has sido su compañero de juegos. Le has abierto al mundo y ni tan  siquiera has sido consciente.

Mi pequeño Javier,  quiero que sepas que nunca permitiré que te ocurra nada. Estaré a tu lado aunque tú no me veas. Te sonreiré aunque no puedas ver mi sonrisa. Te quiero con toda mi alma. No temas Javier, estoy a tu lado. Serás aquello que desees ser. Llegarás a dónde quieras llegar. La vida te ha probado desde pequeño y has demostrado tener un corazón muy grande, un carácter fuerte y rebelde, que lejos de ser un defecto en ti es una virtud. Eres un niño cariñoso, sociable y feliz. Tu sonrisa lo ilumina todo y con ella conquistas los corazones de cuantos te conocemos. Me gusta sentir tus manos alrededor de mi cuello regalándome un abrazo y un te quiero.  Me gusta tu espíritu rebelde, esos “NO” con los que disfrazas tu generosidad. No cambies mi amor.  Me gusta quien eres. Te quiero como eres. Siempre serás mi niño, mi pequeño Javier.

TE QUIERO.

Besitos.  Mamá.

Decirte Javi que 11 años después sigo estando orgullosa de que seas como eres. Y que sólo una cosa ha variado: Te quiero mucho más. Hemos vivido momentos buenos y otros menos buenos. La vida no ha sido fácil pero eso nos ha hecho más fuertes. Hemos aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas, de los pequeños éxitos… y hemos aprendido a poner humor a lo malo. A buscar y ver el lado bueno. Eres una buena persona y también una persona buena.  Pero siempre serás mi Palanquín. Siempre serás mi pequeño. Te quiero

 

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