CARTAS AL ARCOIRÍS II (28-03-2006 al 29-03-2011)

28 de marzo de 2006. Hoy cumples 11 años

Cuando el año pasado terminé de recopilar mis “Cartas al Arcoiris”, lo hice consciente de que cerraba un capítulo de nuestras vidas para dar paso a otro que culminaría en tu adolescencia.

Sinceramente creía que se abría ante nosotros una etapa mejor. Nunca sospeché que volvería a sentirme tan perdida y asustada respecto a ti. Nunca creí que volvería a sentir que te alejabas. Sin embargo, te miro y no te encuentro. A veces siento, dolorosamente, que no te conozco.  No puedo anticiparme a tus actos ni a tus deseos. Vivo en tensión porque no sé si vas a reaccionar con calma o con esa furia incontrolada que se dispara y te puede. Y, cuando estás en medio de ella, yo sé que no eres tú. Tus ojos no miran, no escuchas… no estás. Te llamo casi a gritos pero no me oyes. Estás perdido en tus obsesiones, en tus agresiones o en tus autolesiones… Y la calma nunca llega plenamente… Lloras, me buscas y me dices: _¡Ayúdame! ¡Ahora tengo miedo!_

Yo te abrazo para calmarte, para hacerte saber que a pesar de todo sigo a tu lado y te quiero. Tú me pillas desprevenida y me regalas otro de tus grandes pellizcos que me hace llorar. Me enfado. Te mando a tu cuarto, y entonces siguen los gritos, los portazos… Te oigo llorar y me muero de dolor.

Me acerco a tu cama, te acaricio, te abrazo y te beso. Te arropo con ternura y con un poco de miedo a otra agresión. Quiero que sepas que sigo a tu lado. Tú me gritas que te deje.

Siento que te estoy perdiendo. Me pides ayuda, me preguntas qué te pasa, pero siempre regresan las sombras alejándote de nuestro lado. Y yo vuelvo a no saber si no quieres o no puedes. Vuelvo a sentir que pasa algo más. ¿Las hormonas? ¿Rebeldía? ¿Necesidad de encontrar tu identidad? ¿Temor, tristeza y rabia por saberte distinto? ¿Rabia por obligarte a llegar a nuestro mundo donde quizá encuentras pocas compensaciones? ¿Falta de vitaminas? ¿El metabolismo? ¿Psicosis?

Siento que estás enfadado con el mundo. Quizá te has cansado de luchar para llegar a ningún lado. Otras veces pienso que nos estás probando, pero… ¿Por qué? ¿Qué deseas comprobar?

Mi pequeño, siento que el dolor y la rabia te dominan y a veces pienso que ya no quieres regresar. Pero entiende que yo no puedo permitir perderte. No sé en qué parte del camino te fuiste y cómo no me di cuenta.

Creo que estás mucho mejor, que cada vez son más largos los periodos de calma. Has vuelto a sonreír, pero… es tan triste y efímera tu sonrisa.

A medida que escribo me parece ir descubriendo la raíz de tu problema. Creo que todo comenzó con tu obsesión por la perfección: Uñas perfectas, escritos perfectos, lectura perfecta, zapatos perfectamente colocados, jerséis perfectamente doblados, perfectamente sentado, perfectamente acostado, sin arrugas en las sábanas o en el pijama, sin movimientos que pudieran descolocarlo todo. Andar perfecto, estar perfecto. Jugar al ordenador sin que nunca te maten, ganar siempre, ver un partido de baloncesto y que siempre que lanzaran metieran canasta, ver fútbol y que siempre “metan gol, propias de gol” (cómo tú dices)… Todo debe responder a tus deseos. Todo debe ser perfecto. Alejandro, aunque tú no lo entiendas, y yo no sepa explicártelo, todo irremediablemente es imperfecto. Porque las letras nunca pueden hacerse con el mismo grosor y con idéntico tamaño, porque a veces te equivocas al leer o porque sabes que no empleas ni el ritmo ni la entonación adecuada y aunque te repetimos que no importa y que está muy bien, no es nuestra opinión la que te importa, sino la tuya. Pero tú te has impuesto, por desgracia, la perfección. Te frustras porque, inevitablemente, las sábanas se arrugan cuando nos acostamos, porque no siempre adivino la ropa que te gusta, porque la raya no está en su lugar, porque… Todo es caos: Mary Luz no está, la profe de inglés no te hace caso, los niños están demasiado pendientes de ti y te agobian, porque en la fila invaden tu espacio, porque quizá te has cansado de tratar de comprender sin ser comprendido.

Y cuando la frustración, y tu nivel de autoexigencia es tan excesivo, necesitas por fuerza explotar. Y entonces te invade la rabia y te autolesionas hasta sangrar, nos agredes, rompes y lanzas cosas… Conviertes nuestra realidad en el caos que quizá es tu propia vida. Creo que sientes necesidad de escapar. Por eso creo que deseas perderte. Sé que tienes miedo, que debes sentirte solo y terriblemente incomprendido. Quizá te sientas químicamente agredido.

Sólo sé que me siento terriblemente triste y que a veces he pensado que quizá debo dejarte marchar. Pero entonces tú me abrazas llorando y me preguntas: _ ¿Qué me pasa? ¡Ayúdame!_ Me dices que tienes miedo y yo… siento terror.

En medio del silencio que me invade, creo apreciar tu voz que me llama, cada vez menos nítida y más lejana. Y, cuando  consigo encontrarte, me doy cuenta de que ya no puedo llevarte en brazos.

Sigo queriendo entender lo que sientes… pero me parece que ya no quiero sentir contigo.

Mi pequeño, algún día todo esto pasará. Volverán la alegría y la calma. Ya no puedo llevarte en brazos pero sí puedo darte la mano y caminar contigo. Déjame seguir a tu lado. Enséñame, una vez más, el camino.

Te quiero.      ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

28 de abril de 2008 

Querido Alejandro:

Hace un mes cumpliste 13 años. No te escribí. ¿Qué podría decirte pequeño?

Todo se me viene encima a un tiempo. Papá me ha dicho que me deja. Necesita sentirse libre y ser feliz. Estoy muy mal aunque trato de disimularlo por ustedes, por los abuelos y en el fondo por mi misma… Me siento triste pero no destruida. Sin embargo no puedo hablar de lo que siento al respecto, temo que el dolor se haga más intenso y me pueda.

Durante el tiempo que estuve de baja por la salud de Jorge, aproveché para ir a hablar con José Luis Hernández. Le comenté cómo ibas empeorando en relación a tu problema conductual. Cómo iban aumentando el número de agresiones y autolesiones hasta el punto de vivirlas como normales.

Me dijo que pidiese a tu psiquiatra un informe para que fueras valorado y tratado por el Hospital de Día infanto juvenil. Lo haré en  la próxima cita.

No sé que hacer Alejandro. Son tantos los frentes abiertos al mismo tiempo que no sé a cuál acudir. Desearía dormir, desaparecer, olvidar, ignorar…

8 de mayo de 2008

Anoche se me rompió el mundo y me quedé sin fuerzas. Hoy llevó toda la mañana haciendo verdaderos esfuerzos por no llorar delante de mis alumnos o de mis compañeros.  Anoche tuviste una de tus crisis. Me agrediste y rompiste en trozos una de las hojas de la mampara de la ducha  haciéndote daño en el puño por el golpe.

Y yo estallé en dolor. Me ahogo en el dolor y no sé si podré seguir adelante. (no me refiero sólo al dolor físico) Estoy mal y me siento muy sola. No se cómo hablaremos con ustedes.  No sé como les contaremos que lo nuestro ha terminado. Me hiere pensar en el dolor de Javier. Sé que se va a venir abajo.  No sé cómo reaccionará Jorge, imaginó que callará y será difícil llegar a él. En cuanto a tí… serás quien mejor lo lleve. Te has pasado la vida aceptando hechos que te son incomprensibles así que…
Papá ha decidido no llevarte a EuroDisney a pesar de llevar todo un año prometiéndotelo  lo  cierto es que sería un disparate hacerlo tal y cómo estas ultimamente.  Las agresiones son cada vez más numerosas. Jorge no está bien de salud. Aún no sabemos muy bien que tiene. Tienen que hacerle pruebas para conocer la causa de la hemoglobina tan baja, de la hipertrasaminasemía… de sus dolores de estómago.

Alejandro te aseguro que lucho por mantenerme en pie, por ser positiva y optimista. Pero cada día se me hace más duro y me siento más rota.  Me gustaría darles alegría pero ahora no puedo. No la tengo. Lucho por ella cada día pero si miro hacia dentro me siento rota y jodida, vacía y sola y aunque lo intento, no siempre consigo mantener la cordura.

Seguiré intentándolo. Lo prometo.

Besos.         Mamá

 Las Palmas 6 de marzo de 2009

Hoy es sábado te desperté a las 9 y te ayudé a vestirte para ir a ACTRADE. Hoy vas a la bolera. Te has ido solo, como casi todos los sábados. Luego te recogeré a la 1.   Me siento satisfecha de la autonomía  que has ido adquiriendo. Ha sido un trabajo lento. Cada semana una calle más. Una esquina más. Y finalmente dejar que te desplaces solo. Ha sido una pequeña victoria que me quita un gran trabajo y que te ayuda a sentirte mayor y más capaz.

Me he despertado con la angustia.  Se instala en el centro del pecho y amenaza con impedirme respirar. Intento dominarla sin conseguirlo. Más tarde llegará el llanto y con él recuperaré un poco la calma.

Ya ves Alejandro ya estoy aquí otra vez, llorando y envuelta en victimismo. Me fastidia verme y sentirme tan rota. Tan quejica… Pero sólo llorar me ayuda a liberar el alma de esta opresión que siento en el pecho.

Sé que tengo mil razones para ser feliz. Muchas más razones para ser feliz que para no serlo. Pero lo cierto es que en este momento de mi vida me siento triste y cansada. No soy superwoman, ni supermamá, ni superTrini. Soy una mujer que siente dolor y que precisa sacar a flote todos sus dolores, llorarlos, abrazarlos, reconocerlos, aceptarlos y seguir viviendo.
De nada sirve ocultar las heridas.  Las del cuerpo cicatrizan pronto. Los hematomas van cambiando  de color hasta que  finalmente desaparecen. Las heridas del alma son más difíciles de curar. Sin embargo debo reconocer que a veces me resulta más complicado maquillar el rostro para disimular los golpes mientras que resulta sencillo disimular, fingir u ocultar la existencia de las heridas del alma.
Se que soy fuerte y que  de esto  saldré aún más fortalecida. Soy dueña de mi vida y me toca coger las riendas de  mi  experiencia, de mi historia.
No puedo esperar al príncipe azul que cure mis heridas y mate a cuantos dragones amenacen mi existencia.  Estoy sola. Y he de aprender a luchar sola, a levantarme sola, a vivir sola. Ha llegado el momento de mirarme a los ojos y  de encontrarme conmigo misma.  Debo  aprender a amarme, a perdonarme, a aceptarme y a valorarme. Yo soy la responsable de mi vida pero no soy la culpable de que todo se desmorone a mi al rededor. No soy culpable ni responsable de tu agresividad, ni de la marcha de papá ni de que la dieta sin gluten no haga en Jorge los efectos esperados…
Quizá algún día consiga  el equilibrio entre lo que dice mi cabeza y lo que siente el corazón.

LLevo unos meses haciendo terapia. Me va bien. Ha sido duro reconocer que precisaba ayuda pero lo he hecho.

De todas formas lo que más me ayuda son estas horitas de paz en las que tú marchas con ACTRADE y yo me encuentro conmigo.

No te preocupes Alejandro saldré adelante porque me lo merezco. Lo haré por ustedes pero  especialmente por mí misma.

También tú saldrás adelante. Desaparecerán tus conductas disruptivas y volverá la paz a nuestra vida y a nuestra casa. Lo conseguiremos pequeño.

 Te quiero. Mamá

16 de mayo de 2009

Te has metido en tu cuarto a ver “Pasapalabra”, Javi se ha ido a un cumple y Jorge a la Aldea a jugar un partido de fútbol. Estamos solos. Has tenido un día muy tranquilo, deambulas por la casa sin hacer ruido. De vez en cuando te me acercas y me das un beso. Luego aleteas con fuerza tus brazos y sales trotando de la habitación.

Me siento sola. Miro mi vida y se que he sido y soy una persona afortunada. He disfrutado la amistad, he sentido el amor. Soy madre,  he sido feliz y he podido aprender también del dolor.  En el camino de mi vida he encontrado mucha gente buena. Muchos ángeles dispuestos a ayudarme a avanzar. No se si he sido con ellos tan generosa como lo han sido ellos conmigo. Probablemente no. Pero nada saco con lamentarme o culpabilizarme  por ello.

Voy tomando conciencia de mis soledades y silencios.  No consigo desprenderme del dolor.  Pienso en la gente que quedó en el camino… Pienso en quienes no volverán.  Todos han sido un regalo que debo agradecer pero en el que no puedo detenerme. He de seguir adelante. Debo avanzar.

Uf… creo que estoy muy sensible. Mejor será dejarlo.

Las Palmas 2 de octubre de 2009

Volver a escribir, no se si en realidad es una buena terapia. Estoy sumergida en el dolor y me preocupa. No quiero sumergirme en él. Me siento perdida. No quiero que mis pensamientos se detengan en Helio una y otra vez.   Y aunque me he sentido decepcionada, sigo pensándole con cariño.  A veces me siento agradecida por su decisión porque descubro que hay un poco más de paz en mi interior. He tomado las riendas de mi vida aunque no  siempre sepa  por dónde camino. Vivo. Vivo el día. No quiero detenerme en el ayer porque está muerto. Ni quiero pensar en el mañana porque me asusta. Necesito vivir el hoy. Sin detenerme en el dolor. Sin pensar en cómo estoy.

 Jorge ha vuelto a clase. Ha vuelto a entrenar. Ha vuelto a sonreír. Ha dejado de preocuparse por su dolor, por su enfermedad. Se sabe querido por sus compañeros y eso es importante para un adolescente.  Javi está enamorado. Está estudiando un poco más y juega cada vez mejor a fútbol. Sigue buscando mis mimos.

El domingo  apretaste ta fuerte a su hamster que le causaste lesiones internas irreparables.  Javier lloró desgarradamente la pérdida de Palanquín y quizá también otras pérdidas que prefiere dejar bajo el colchón.  Tras lo de Palanquin sufrimos otra de tus crisis. Volvieron los golpes, los gritos, los portazos hasta que finalmente tras el llanto te venció el sueño.  Javi  durmió esa noche conmigo.

 Llevas unos días raro. Con esa mirada que me anticipa  que de un momento a otro vas a estallar en pura violencia. Tu actitud me da miedo.

Sin embargo por otro lado me sorprendes cumpliendo promesas como la  de no comer ningún bicho. Llegas contento a casa  y me cuentas que hoy has comido cero bichos, yo voy rápido a  darte el premio por haberlo  conseguido.   A veces te sorprendo mirándome con  intensidad  y tras la mirada la pregunta: _¿Estás  triste Trini?_   Yo miento y respondo que no. Te sonrio y tú confias en mi palabra y en mi sonrisa.

También hay días dulces y de risas. Días en los que no siento miedo.   No sé qué seria de mi sin ustedes. Me cuidan. A  veces me saben vulnerable pero  también saben de mi fortaleza y   en ella se apoyan. Yo  sé que les quiero como nunca pude imaginar.

LLUEVE. 20 de marzo de 2010

Llueve… No en la calle. No tras los cristales. Llueve en mi interior. Una lluvia fina que lo empapa todo: los sueños, la esperanza, la razón.

Te sientas sonriente a mi lado. Tengo en mis manos una foto. Tú la miras y te  ríes. ¿Lo recuerdas?_ Te pregunto. _ Estábamos en La Graciosa. Tú tenías sólo cuatro años. El pelo rubio y ondulado, la mirada brillante y la sonrisa en los ojos. Eran días de alegría, de sol, de mar, de arena blanca, de pesca y de tertulia. Eran días de risas infantiles, de juegos, de esperanza. Días de familia, de paz, de amor, de ternura. 

 Perdidos entre las rocas buscábamos lapas y caracolas. Tú vestías siempre de azul y gustabas de llevar puestas tus gafas de sol y tu gorra de Mickey Mouse.Llenabas mi corazón con tu risa y cada día me regalabas una nueva palabra. Llenabas folios de casas y de números, de retratos tuyos y nuestros.

La vida era música y color. El futuro era algo muy lejano y el presente se nos entregaba cargado de esperanza.

Hoy el sol que se cuela por mi ventana no llega hasta mi alma. Hoy sigo buscándote pero no te encuentro. Te llamo pero no me escuchas. Tiendo hasta ti mi mano pero no la ves.

He perdido el camino.

Has cambiado el azul, el turquesa y el celeste por el rojo. Rojo sangre y desespero. Rojo fuerza y violencia. Rojo impotencia y desaliento.

Me he sentado en el rellano a esperarte pero la lluvia cala mis huesos.

Intento abrir con mis manos un boquete en tu muro. Intento penetrar tu mirada. Escuchar tu miedo. Entender tu rabia… Intento sentir lo que sientes. Deseo sentir contigo pero… cada día estás más lejos. Ya no hay color en nuestra vida y siento como nace la desesperanza.

¿Dónde estás niño mío? ¿A dónde fue tu risa, dónde tus caricias, dónde tus juegos? No puedo evitar sentir que te he fallado. Me parece verte acurrucado en mis brazos con un ChupaChups junto a tu ojo, viendo el mundo de color naranja. Mientras, mis lágrimas empapaban tu pelo. Ese día me dieron tu diagnóstico. Ese fue un día también muy gris, pero tú estabas a mi lado. Prometí no abandonarte nunca. Te prometí que siempre estaría a tu lado, que siempre podrías contar conmigo. Prometí ser tu voz si no llegabas a hablar. Te prometí aprender a interpretar  tu mirada, tus gestos, tu silencio. Prometí luchar por ti. Luchar contigo. Prometí indicarte el camino, tomarte de la mano y traerte siempre de vuelta a casa.

Han pasado 13 años desde aquel día. Desde aquella promesa que ahora siento que he de romper y se me desgarra el alma.

¿En qué recodo del camino te perdí?, ¿Cómo no me di cuenta de que te marchabas?, ¿Quién robo tu alegría? , ¿Quién mató la esperanza?, ¿Quién nos quitó la paz? ,¿Cuándo se lleno de temor y angustia nuestra casa?

Son las siete de la tarde. A lo lejos se oye el murmullo de una ambulancia. Su sonido se hace más intenso conforme se acerca. Por fin se hace el silencio. El silencio que viene a socorrerme del caos, del dolor, del terror.

Suena el timbre y con él cesan los gritos, los portazos, los golpes, los cristales, el desaliento y el miedo…

Me siento aturdida, temblorosa y aterrada. Me siento enfadada…

Veo el dolor en tus ojos. Siento que me suplican ayuda, perdón, amor. Y corro a acariciar tu pelo, a susurrarte en el oído que te quiero, qué estoy contigo. Generalmente aprovechas para brindarme un golpe más, pero… no me importa. Ya nada me importa. Sólo quiero llegar a ti. Quitarte el dolor. Transformar tu odio en alegría. Quiero coger tu mano y caminar nuevamente contigo…

Ya no siento nada. Ya no sé lo que siento: ¿Dolor? ¿Amor? ¿Miedo? ¿Desesperanza? ¿Fracaso? …

Con cada golpe me he ido endureciendo y he ido madurando. He ido quitando importancia a lo superfluo. Ya no importa si has tirado abajo una pared. No importa que la casa no tenga puertas, que hayas arrancado el bidé o que hayas destrozado la tapa del wáter. No importa no tener tele en el salón, ni video, ni Play, ni cadena musical, ni cuadros en las paredes, ni portarretratos. Tampoco importa que las fotos estén pintorreadas. Que se hayan roto los cristales del mueble del salón, que la ventana de tu cuarto esté condenada o que la puerta del balcón no pueda abrirse nunca. No importa que sólo queden en pie dos sillas y que la mesa haya tenido que ir de excursión al punto limpio junto con muchas cosas más. Nada de eso importa. No importa si los vasos, cubiertos y platos son de plástico. No importa si no hay intimidad en el baño…  No importa si lanzaste el ordenador, la maceta o la fuente de porcelana, al menos no conseguiste darme.

Importa tu dolor y el nuestro.

Importa el temor de Javier, importa su angustia. Importa que viva encerrado en su cuarto, bajo llave. Que sean numerosos los días en que ahí debe desayunar, merendar y cenar. Importa que le agredas cuando recibe mis besos y abrazos. Importa su dolor, su salud mental y su seguridad física. Importa Javier.

Importa la salud resentida de Jorge. Su hipertransaminasemia. Sus constantes dolores de cabeza, sus seis suspensos, sus pocas ganas… Su exceso de responsabilidad para conmigo. Importa su rabia hacia ti cuando me agredes. Su tristeza… Importa Jorge.

Espero la llegada de la noche. Espero la madrugada, cuando tu sueño es profundo y tu respiración calmada. Entonces me acerco sigilosa hasta tu cama. Me cuelo en tus sábanas y te miro intensamente. Te abrazo, te acaricio. Me lleno de ti. Te lleno de mí. Te susurro mil veces cuánto te quiero.

Te quiero a pesar de que nuestra vida sea un infierno. Te quiero aunque me pegues, aunque me destroces la casa, el cuerpo y el alma… Te quiero. Te quiero aún cuando tu mirada se transforma en odio. Aún cuando sólo siembras destrucción, dolor y terror a tu paso. En el fondo sé que ese no eres tú. Tú te escondes bajo el monstruo. Transformas en destrucción el dolor y el temor que sientes. Cada día te escondes más y más. Y yo, niño mío, no consigo alcanzarte. No se llegar hasta tu orilla. No se calmar tu angustia. Ya no se devolverte la alegría.

Con la foto aún en la mano me das un abrazo.

Gracias, mi amor, llevas casi dos horas de risas, cantos, saltos y aleteos. Todos reímos contigo. Javi te abraza con ternura y Jorge te repite una y otra vez ese gesto que te causa tanta gracia. Disfrutamos con plenitud de este momento porque ignoramos cuánto durará esta vez la calma.

No voy a abandonarte Alejandro. Aunque un papel diga lo contrario. Aunque te marches a vivir lejos de casa. Yo siempre estaré contigo y tú estarás conmigo.

No quiero pensar en el adiós. No quiero pensar en el mañana… ¿Qué será de ti, mi amor? ¿Quién velará tus sueños? ¿Quién te abrazará con ternura? ¿Quién interpretará tus silencios, tus gestos, tus miradas…? ¿Quién te regalará chuches para premiar tu comportamiento? ¿Quién cogerá tu mano? ¿Quién te despertará cada día con una canción y un beso? ¿Quién moldeará tus rizos? ¿Quién te defenderá? ¿Quién pondrá voz a tu silencio y esperanza en tu mirada?

¿Cómo podré saber cómo estás si no podré verte y tú no puedes contármelo? Muero al saber que tendrás que marcharte. No duermo, no como. Mi corazón está lleno de dolor y de soledad. siento que te he fallado…

Pero no puedo fallar a tus hermanos. He de devolverles la paz, la alegría, la ilusión, la salud… Si ellos están bien, algún día, cuando yo ya no esté, ellos velarán por ti.

Creo que no sabré vivir sin ti pero me consuela saber que tú sí podrás vivir sin tenerme a tu lado.

Mi pequeño Alex quiero que sepas que volverás a casa. Cuando por fin se calme tu dolor y se apague la furia. Cuando no seas un peligro para tus hermanos y  para ti mismo.  Cuando el arcoíris surque el cielo… TÚ VOLVERÁS A CASA.

Mamá

Dentro de unos días cumplirás 15 años.  Quisiera poderte regalar la paz.  Me conformo con mantener la esperanza.

Te quiero.

http://youtu.be/vzBLm2zDLL4

28 de abril de 2010

Hoy me has dado una tregua. No sé cuánto durará esta vez pero me contento con disfrutarla. He aprendido a vivir intensamente los buenos momentos pues puede que sean los últimos. Te escucho reír a carcajadas mientras cantas a gritos una canción. Tus hermanos y yo te observamos mientras disfrutamos intensamente este momento. Javi se levanta y baila contigo. Jorge nos cuenta una anécdota y los cuatro estallamos en carcajadas.

Disfrutamos de tus risas. Disfrutamos de reír juntos. Quisiera poder hacer magia y detener el tiempo o  perpetuar este instante de alegría, de amor, de comprensión. Hoy con las risas han vuelto los aleteos, los saltos, las canciones, el incesante correteo. Hoy te miro y vuelvo a encontrarte. Hoy, en este momento, olvido todo el dolor y, por un momento, resurge la esperanza… Quizá por fin las sombras se hayan ido.  Quizá, por fin, se haya esfumado para siempre el color gris y haya vuelto a tu corazón el “arcoíris”.

Contamos con otra hora de paz y nos apuramos a vivirla intensamente. Tus hermanos y yo nos lanzamos  miradas cómplices. Sobran las palabras. Vivimos intensamente el dolor por eso disfrutamos a tope los buenos momentos. Hemos aprendido a buscar el lado divertido de tanta amargura. en esta foto eres “el caballero de la mano en el pecho”. Es de cuando te amputaste el pulpejo del dedo índice con el cristal de una botella. ¡Cuánta sangre! ¡Cuánto miedo!…

Corrimos contigo al Hospital y con el trocito de dedo entre hielo. ( Tanto cuidado y mimo para que luego lo tiraran a la papelera sin mas) En casa quedaron tus hermanos. Jorge limpió como pudo la sangre que manchaba el suelo y la pared. Javi recogió los cristales. Pero… ¿quién se ocupó de sus pedazos? ¿Quién calmó sus miedos? ¿Quién les abrazó mientras las horas pasaban sin saber nada de su hermano? Les llamamos en cuanto pudimos pero tuvieron que esperar sin saber nada casi dos horas pues tuviste que ir con urgencia al quirófano para salvarte el dedo.

En esas dos horas tus hermanos se tuvieron el uno al otro. Recogieron los pedazos, limpiaron los restos… Los restos de otro susto, de otra anécdota. El dedo tardó más de un mes en cicatrizar completamente. Cada semana tuvimos que ir a hacerte la cura al hospital. En cuanto llegabas anunciabas tu presencia. Abrías la puerta y decías a voz en grito: _ Alejandro Ayala ya está aquí_.  La enfermera salía sonriente. te saludaba y te  decía que esperases un poquito que la doctora te atendería enseguida. Yo la miraba expresando un “lo siento” y sus ojos me tranquilizaban.

Finalmente, el dedo se quedó puntiagudo. Una forma perfecta para hurgarte la nariz o los oídos, así que no tardaste en sacarle partido. El episodio terminó en un susto. Otra anécdota más de las tantas a las que nos tienes acostumbrados.

La vida a tu lado es una constante Montaña Rusa. De vez en cuando nos gustaría apearnos. ¿Nos dejas?

Las Palmas 29 de junio de 2010

Anoche volvió de nuevo la ambulancia. Vino la doctora que curiosamente nos visitó la primera vez que llamamos al 112 aquel 7 de enero, que  ahora se me antoja, tan lejano. Llamamos tras media hora de lucha. Tiraste el televisor, el mueble, las sillas. Rompiste el reloj del salón y con los cristales te hiciste la “ingresión de sangre”(cortes en las muñecas, las palmas de las manos, los muslos…) Tras “la ingresión” el llanto y la aparente calma.

Llegó papá porque Javier le  llamó. Y volvió la batalla. Las agresiones, las autolesiones, el lanzamiento de objetos, el destrozo de muebles, los gritos, los portazos, las patadas… el miedo, el dolor.

Llegó la ambulancia casi como un milagro pues mientras daba los datos a la operadora me arrebataste el teléfono y lo lanzaste contra la pared. No hubo tiempo de tratar de arreglarlo. Hace unos meses conseguimos que nuestro teléfono fuese incluido en el protocolo de emergencias del 112 y quizá por eso acudieron a la llamada aunque apenas pude dar la dirección y un par de gritos.

El enfermero te puso una inyección. Te cogieron una vía y te pusieron otro calmante en vena. _Pronto se dormirá_ nos aseguró la doctora. _No crea_ Le respondimos nosotros. _Alejandro es como el conejito de Duracel y no cae tan fácilmente. _Esta tarde mismo_ aseguró la doctora, _administré este fármaco a un toxicómano y a los cinco minutos estaba planchado. _Yo no me fiaría_,  le dije.  _Alejandro es muy resistente a los fármacos_

Mientras la doctora hojeaba los 26 informes que del 112 tenemos hasta la fecha tú te levantaste. Te arrancaste la vía y pellizcaste a la  doctora. Ella decidió trasladarte al hospital. Llamaron a la policia porque nosotros no podiamos ir contigo en la ambulancia y tú estabas muy agitado.   La policia tomo nota de los destrozos causados y de las agresiones y nos fuimos al hospital. Allí el policía le dijo a papá que sería bueno que pusiera una denuncia para que la “autoridad competente” (Me gustaría saber cuál es) tomara cartas en el asunto. ¡Qué duro para un padre denunciar a su hijo para que aquellos que se tienen que responsabilizar cumplan con su obligación! ….¡Protección del menor y la familia! No nos hemos sentido protegidos en ningún momento y cuando solicitamos su ayuda sólo recibimos amenazas. ¡Qué pena que el hombre no se atreviera a ponerlas por escrito!

Mientras papá firmaba el papel del policía, yo me fui contigo. El celador se paró frente a una puerta cuyo rótulo decía: “Urgencias Psiquiatría”. Tras tocar, un correr de cerrojos antes de abrirse la puerta que daba a una fría sala llena de camas en las que dormitaban pacientes sedados. Tras unos interminables minutos nos hicieron pasar a un despacho en el que había dos médicos. Un hombre y una mujer. Él era residente o, al menos, eso decía su bata. La doctora sacó unos papeles y comenzó a hacerte preguntas. Yo traté de intervenir en varias ocasiones pero me hacía callar. Le recordé, por si lo ignoraba, que tenías autismo y que te resultaba difícil responder a sus preguntas. Ella me ignoró y continuó el protocolo pero casi sin obtener respuestas por tu parte. Pediste agua. A cada pregunta respondías con un: _Quiero agua, por favor_ Finalmente trajeron el agua. Yo percibía la tensión. Te miré a los ojos y supe que ibas a estallar. No me equivoqué. Tras beber un buche de agua lanzaste el resto con botella incluida hacia el residente. Tiraste el monitor del ordenador al suelo y cuando la doctora levantó el teléfono para llamar a seguridad se lo quitaste y lo lanzaste contra la puerta. Yo traté de agarrarte pero me llevé un tirón de pelos y un mordisco. Todo ocurrió en pocos segundos. Entraron los de seguridad y a mí me sacaron fuera. Tras la puerta escuchaba tus gritos. Primero de furia, después de miedo. Comencé a llorar y a aporrear la puerta mientras gritaba entre sollozos que te dejaran que sólo eras un niño. Me percaté de las miradas de los pacientes y familiares pero no presté atención. Hace tiempo que me hice inmune a las miradas, ya sean de lástima, de enfado o de miedo. Me senté y seguí llorando … ¡Cuánta soledad Alejandro!

Tras la puerta te oía: _ Trini, ayúdame! ¡Trini, ven, ayúdame! Me pegué a la puerta, traté de abrirla, volví a tocar pero… nada. Traté de  serenarme. Cuando salieron los tres gigantes del Cuerpo de seguridad les pregunté qué te habían hecho. Me respondieron que sólo te estaban conteniendo para que no te dañases ni causases daño, que no me preocupase que ya estabas mejor. ¡¡Qué no me preocupase!!

Minutos después la doctora me hizo pasar al despacho. Me dijo que te habían administrado otro tranquilizante (otro más) y que pasarías allí la noche. Me dieron tu ropa en una bolsa y me dijeron que estuviese allí a las once del siguiente día. _¿Puedo verle y explicarle que se va a quedar aquí por favor?_ La doctora dudó pero finalmente se apiadó de mi o de mis lágrimas. El caso es que me dejó pasar, no sin antes advertirme de que  estabas atado de pies y manos por propia seguridad. Me acerqué a tu cama. Jamás olvidaré tu mirada vacía, ausente, resignada. A tus ojos no asomó ni una súplica, ni un reproche. Acaricié tu frente y te besé. _ Pasarás aquí la noche, Alejandro. No te preocupes. Todo irá bien. Mañana vendré a verte_ te susurré al oído. Aunque ni yo misma me creía mis palabras.

Y salí de la sala. Tras de mí se corrieron los cerrojos. Me abordaron las miradas de quienes poco antes habían sido testigos de mi desesperación. Yo corrí a la salida en busca de papá. En busca de alguien que compartiese mi dolor.

Llegué a casa. Tus hermanos aún estaban levantados. Nuevamente se habían quedado solos entre la incertidumbre y el miedo. Les expliqué que pasarías allí la noche y que ya nos dirían.

No he podido dormir. Espero que lleguen las once. Tus tíos Raquel y Jose están enterándose de tu estado. He llamado a la doctora Carmen y me prometió llamar al Negrín para hablar con el jefe de Psiquiatría.

Suena el teléfono. Es Raquel. Te han subido a  la planta sexta: Unidad de Internamiento Breve de Psiquiatría. Podremos verte a las seis de esta tarde.

El suelo se abre bajo mis pies y siento que caigo. Quisiera  tener valor y dejarme caer. Ya no se si mantenerme en pie es consecuencia de mi valor o de mi miedo. ¿Qué te hemos hecho? Lo siento Alejandro. Lo siento.

Mamá

Las Palmas 23 de julio de 2010

Me siento culpable y  triste por irme sin ti a la playa. Miro el mar y te imagino buceando, cogiendo olas, atrapando la sal, llenándote de sol.

Vivo esperando.

Espero que el reloj marque las 17:45 para correr a tu encuentro en la sexta planta del Hospital Negrín. Estás allí desde la noche del 29 de junio. Pronto hará un mes.

Vivo esperando para compartir una hora de juegos, de risas, de miradas cómplices y a veces vacías, entre esas frías paredes tan cargadas de dolor y separadas del mundo por dos puertas que se cierran con llave.

A diferencia de otros pacientes, tú nunca nos reprochas el que te hayamos dejado ahí. Nunca preguntas hasta cuando has de vivir encerrado en esa cárcel. No preguntas por el verano que avanza sin que lo disfrutes. Aceptas la situación en silencio y te conformas con llenar de rutinas el espacio y el tiempo. Te conformas con compartir con nosotros una hora y cuarto cada día. También has impuesto rutina en nuestras visitas. Los juegos siguen un orden y sirven para sumar segundos que el equipo naranja emplea en realizar el rosco final. Una sopa de letras en la que nos dejamos los ojos. Tú impaciente por acabarla, nosotros deseosos de ampliarla para disfrutar un rato más de tu presencia a fin de atrapar tus sonrisas, tus gestos y palabras.

Nos gustaría poder recorrer contigo el pasillo que te aleja de nosotros, ver tu habitación, arroparte y besarte tiernamente cada noche, pero… no es posible. Nos despedimos y nos vamos por caminos opuestos.

Mientras… seguimos esperando.

Espero saber qué va a ser de ti. ¿Hasta cuándo vas a estar ahí? ¿Cuándo volverás a casa? ¿Cuándo tendremos que ir a Madrid? ¿Para cuándo será la operación?…

Vivo llena de incertidumbres. Vivo en la angustia de no saber qué ocurrirá. Angustia que contrasta con tu tranquilidad porque mamá te ha dicho que pasarás ahí el verano. Pero ¿qué ocurrirá cuando llegue el 1 de septiembre? ¿Qué pasará si aún no puedes marcharte? Entonces te habré fallado. Tú estás tranquilo porque te fías plenamente de nosotros. Porque crees ciegamente en nuestra palabra. Simplemente vives una de tantas situaciones cuyo fin no comprendes y que carece de sentido para ti.

Vivo esperando el día en el que pueda traerte a casa. En el que podamos ir a la playa. Espero los días de risas e inocencias, de rutinas que acompañan la calma y te aportan seguridad.

Vivo esperando… Vivo esperándote… Siempre esperándote.

Te quiero. Mamá

Volverás… (Jorge Ayala Romero) 25 de julio de 2010

Recuerdo los momentos en los que tan sólo eras un bebé y yo ya te cuidaba y arropaba, fuiste creciendo. Recuerdo  momentos en los que jugábamos juntos por casa con mi moto.¡Son inolvidables! Los años pasaban y cada vez eras más especial para mí, cuando en el colegio te integraba a jugar conmigo y con mis amigos, momentos como cuando hacías dibujos enormes de nosotros y que en una tarde podías escribir 4 o 5 folios llenos de números, tus manías que te caracterizan por ser una persona ordenada y meticulosa, en fin.. eres tu Ale, eres especial y eres el mejor, siempre he estado a tu lado y siempre lo estaré.

Aunque los últimos años han sido complicados, siempre tienes una sonrisa para darnos y algún momento mágico e inolvidable, por eso te doy las gracias por ser un cachito de mi, y sobre todo por ser mi hermano, la vida en ocasiones es injusta, y creo que con nosotros lo ha sido, no creo que mis padres ni mi hermano Javi se merezcan pasar por lo que estamos pasando ahora, pero bueno lo que de verdad nos importa, es que tú estés bien y como dije antes, aunque las cosas vayan mal, con una simple sonrisa tuya todo cambia, porque un gesto tuyo, un abrazo, un beso, una carcajada, una sonrisa ya nos da a entender lo mucho que nos quieres, ya que con palabras te cuesta comunicarte.

Lo único que queremos todos es que vuelvas, porque la casa está muy vacía sin ti, necesitamos oír tus chillidos, tus canciones y tus cantares, oír como tus pies chocan contra el suelo después de cada salto, te necesitamos Ale. Nunca perderemos la esperanza, y todo va a salir bien, yo lo sé y pronto estarás de nuevo con nosotros, me siento muy orgulloso de ser tu hermano.

Te quiero mucho Ale.

Jorge

http://youtu.be/rudMGTqTRPo Phil Collins – En mi corazon viviras

DE JAVI PARA ALEJANDRO 28 DE JULIO DE 2010

Eres una persona muy especial en mi vida, soy tu hermano pequeño y sobre todo eres mi referencia para seguir luchando en todo y nunca rendirme … tú no dejas nada a medias, todo lo tienes que acabar tarde o temprano; solo digo que ha pasado un mes desde que los del 112 te llevaron y en un mes solo te he visto 1 día. Yo creo que no nos merezcamos esto ni yo ni mis padres ni mi hermano Jorge esto cuesta superar y cuando llegan las 7 y estoy en casa y haciendo un zapping pongo la 5 y aparece Pasapalabra me inundo como el Nilo, tanta agua que al final acaba saliendo por mis ojos y también me acuerdo cuando entraba en la habitación y tú me decías: ¡ fuera! porque necesitabas concentración en el Pasapalabra y yo inmediatamente me iba para no ponerte nervioso.

Estos últimos años han sido chungos para mí, para mis padres y para Jorge, hemos tenido que cubrirnos con el 112 porque no podemos más. Yo salgo huyendo para la habitación como un cobarde para que no me hagas daño. Se que tú no me quieres hacer daño y a pesar de todo no te vas a creer que echo de menos un pellizco, un jalón de pelos y un Javi córtate el pelo; porque es verdad, eres el único que cuando alguien se corta el pelo dices con sinceridad si te gusta o no.

Ale eres el mejor y me siento orgullosísimo de ser tu hermano pequeño , Ale te amo , espero que todo salga bien y que dentro de poco estés en casa para meter tus saltos, para escuchar tus chillidos. Para mi no eres un autista para mi eres la PERSONA MÁS ESPECIAL del mundo. Ale eres el mejor, te quiero mucho hermano, todo va a salir bien.

11 de agosto de 2010 Diario de una esperanza (VII) por Helio Ayala en Margullando

La noche se promete larga. La tarde no ha sido fácil.

Hoy nos tocaba preparar a Ale para el viaje – cómo prepararle a él cuando nosotros no sé si lo estamos del todo- pero eso era lo que tocaba. Trini  preparó con esmero unas cuantas láminas plastificadas en las que con pictogramas le contamos que esta noche nos vamos a Madrid. Su cara iba del entusiasmo a la indiferencia-decepción. A medida que le contábamos lo que iba a acontecer, hacía preguntas fuera de contexto – ¿En septiembre…? Como queriéndonos decir -déjate de rollos, y dime cuando se acaba esto.

Creo que lo comprendió todo, incluso hubieron muestras de entusiasmo con la participación de Joaquín y Mar, los enfermeros, en aquella excursión.

Comenzamos a jugar. Todo iba aparentemente bien.

Ella comenzó a elevar el tono de voz, hoy estaban su abuela y otra chica joven; no sé si su madre ha arrojado ya la toalla. A los reproches y sus continuas  peticiones de que la saquen de allí, le sucedieron una serie de llantos desconsolados que hicieron, que Alejandro, prestara más atención a lo que pasaba, que a adivinar si mi personaje secreto del “¿Quién es quién?” era Pocahontas o Peter Pan. La cosa comenzó a ponerse tensa. Intentamos distraerle con los juegos, pero no hubo forma. Cuando ella abandonó la sala seguida de su abuela, Ale no aguantó tampoco más. Comenzó por pellizcarnos, luego fue a por una de las enfermeras, tratamos de contenerle. Ya éramos muchos agarrándole y tratando de calmarlo, cuando decidió, que llevaba más de un mes sin darle una patada a un cristal. Se zafó como pudo y dejó su firma, antes de dejar la planta de psiquiatria, en el cristal de la sala de vistas,  que estalló en forma de tela de araña.

¡Qué putada, precisamente hoy! No hacíamos más que repetirnos mientras recogíamos, apesadumbrados, las fichas del memori que quedaron en la mesa sin haberlas usado siquiera.

Cuando ya estábamos esperando para marcharnos y ver como había terminado todo, nos llamó la enfermera.

– Por favor el chicle que le dieron, no quiere dárnoslo. Pasen a la habitación para ver si se los da a ustedes.

Nos quedaba el último regalo antes de partir rumbo a Madrid, ver a Ale en su cama atado de pies y manos.

Las emociones nos pudieron en la antesala del ascensor.

La noche se promete larga. A las tres ponemos rumbo a Madrid.

Mañana será otro día.

Helio

Para Ale de Jorge Ayala 13 agosto de 2010


http://youtu.be/ezNYnjXrAcw
EL Canto del Loco – Volvera con Alejandro Sanz

Ya solo te queda superar este último obstáculo, y con lo fuerte que tu eres, y con la fuerza que todos desde aqui te mandaremos,lo superarás y pronto estarás bien y volverás con nosotros.

Te quiero Mucho Ale.

Jorge

 No vencen los monstruos en los cuentos de hadas.

Madrid 25 de agosto de 2010

Le busco pero afortunadamente no le encuentro. Ayer, por un momento le presentí agazapado, buscando el momento de hacerse fuerte. De vencer. De vencerle.Busco al monstruo para asegurarme de que no está y de que jamás volverá a hacerle ni a hacernos daño.

Alejandro lucha contra el monstruo a través de la fiebre, soportando el dolor. Le cuesta sonreír. Cuando lo intenta se le dibuja una mueca. Estamos ganando la batalla pero la lucha no ha terminado. El monstruo no quiere irse sin hacer ruido. Lleva mucho tiempo envuelto en la piel de mi niño, dirigiendo nuestras vidas. Hace tiempo que prendí a mirar sus ojos oscuros e inertes. Aprendí a desafiarle a pesar del miedo. Aprendí a intuir su llegada con solo mirar el cuerpo tenso de mi hijo, su rostro inexpresivo, su mirada perdida. Entonces sabía que Alejandro se iba y el monstruo ocupaba su lugar. Muchas veces tras una larga y dolorosa batalla mi hijo me miraba suplicando ayuda y diciendo que tenía miedo.

El monstruo lo dominaba todo. Sembraba el terror, el dolor y el caos en la casa y en el alma. Aprendí a acariciar al monstruo aunque debo confesar que nunca pude llegar a amarlo. Aprendí a vivir con él sin llegar a aceptarlo. Aceptarle significaba rendirme, perder la esperanza, abandonar a Alejandro para siempre. No podía permitirlo. No podía dejarme caer. No podía dejar que cayese.

Del monstruo quedarán las cicatrices. Las de la cabeza de Ale y las de nuestra alma. Unas y otras nos ayudarán a recordar que una vez más hemos ganado la batalla. Sin duda vendrán otras pero ésta la hemos ganado. Estoy segura. Me lo dice la paz de Ale. Me lo dice su mirada tranquila, su cuerpo, sus manos. Me lo dice el corazón y me lo grita la esperanza.

El monstruo se irá, se ha ido. De puntillas o haciendo ruido. No importa cómo, con tal de que se vaya.

Quiero dar las gracias a todos los que están ahí. Haciéndonos saber que no estamos solos. Que ésta, no es sólo nuestra batalla.

Quiero dar especialmente las gracias a JORGE y a JAVIER. Mis compañeros de viaje, de lucha, de dolor, de amor y de esperanza. Quiero agradecerles la capacidad de transformar un mal momento en una anécdota divertida. “Hoy toca lanzamiento de tele, ayer fue de mandos y mañana le tocará a la vajilla.” “Troya” significaba: “Cuidado Ale está muy mal, pónganse a salvo y retiren todo objeto peligroso de su vista y de su alcance” ¡Mis niños! Estoy tan orgullosa de ustedes. Quiero prometerles la paz. Devolverles la alegría. Asegurarles que el monstruo se ha ido para siempre. Que jamás volveremos a someternos a su tiranía. Y si por un casual decidiese regresar estaremos dispuestos a hacerle frente y a echarlo. Si viene no se quedará cinco años con nosotros. Prometo luchar para que sean felices, para que sigan sintiéndose orgullosos de Alejandro. Yo estoy orgullosa de los tres.

Quiero dar también las gracias a todos los que han estado a nuestro lado en los momentos más duros. A quienes estaban a nuestro lado a pesar de que peligrase su integridad física. A cuántos han sufrido los moretones de Alejandro. A todos aquellos quienes sin su ayuda yo me hubiese venido abajo.

El monstruo se ha ido. No ha ganado la lucha. Ha vencido el amor.

Alejandro te repito lo que te dije el día que nos hablaron de tu autismo: Siempre estaremos a tu lado. Mil veces te diré lo mismo:  Siempret e cogeremos de la mano y una y otra vez te traeremos de vuelta a casa.

Gracias Alejandro por ser quien eres. La vida a tu lado siempre es un nuevo reto, una aventura. Gracias por compartirla con nosotros.

TE QUIERO. Mamá

22 AGOSTO DE 2010 POR RAQUEL ROMERO EL HUELLAS DE SAL


El 29 de junio ingresó Ale en la Unidad de Internamiento Breve, para evitar que se hiciera o hiciera más daño a los suyos.
Fueron días duros en los que reclamaba la playa. Muchos días entre las paredes de un hospital. Muchos para él y muchos para sus padres, que estuvieron (como siempre) al pie del cañón.

Ale y sus hermanos son muy afortunados porque tienen unos padres luchadores, valientes y generosos. Han trabajado porque su hijo alcanzara sus máximas capacidades desde el minuto uno (antes de tener un diagnóstico). Después fundaron ACTRADE (Asociación Canaria que tiene un papel precursor en la sociedad al abordar el espectro autista: facilitando apoyo y servicios a las familias con personas afectadas por este transtorno)  dedicándoles muchos años de esfuerzo, muchas reuniones, mucho de ellos. Estos últimos cinco años de suplicio, en los que el monstruo (como lo llama mi hermana) se apoderaba de Ale, recorrieron muchas consultas, curaron muchas heridas (incluidas las suyas), tocaron en muchas puertas, llamaron a muchos números (en este último año al menos 27 al teléfono de emergencias 112: porque peligraba la integridad física de todos). Dejaron mucho de ellos, lamentablemente, por el camino.

El 11 de agosto surcó el cielo el Avión de la Esperanza que lo llevaba a Madrid para que lo operaran. En ese avión también viajaba el miedo lógico a lo que podría ocurrir cuando le tocaran su cerebro (les aseguro que es un pánico que sólo el que lo vive sabe de su calado). El 13, las milagrosas manos del Dr. Martínez consiguieron que el monstruo abandonara a Ale de una vez. Y… renació aquel niño feliz, y cantarín.

 Raquel.

Las Palmas 23 de agosto de 2010

Desde la cocina escuché la cisterna y luego el agua que corría por el lavamanos. Instintivamente me puse en guardia. Un nudo en el estómago y  el corazón encogido mientras sus pasos se acercaban. Entonces le vi en el umbral de la puerta, con la sonrisa en los ojos y el rostro feliz. _Buenos días, mamá_ me dijo, al tiempo que se inclinaba para regalarme un dulce beso.  Le abracé con fuerza.

Me empeñó en atrapar estos momentos. Los vivo con intensidad. Los disfruto plenamente. Aún no consigo dejar de estar alerta sin proponérmelo. Pero todo llegará. Ya está llegando.

Me parece tan increíble vivir esta paz. Ojalá duré eternamente.

Gracias Alejandro por estos momentos.

NOVIEMBRE de 2010

“Noviembre se va y nos  deja hojas secas” así dice una canción preciosa de Pedro Guerra. Noviembre se va y me deja un sabor agridulce. Cierto que tras la operación desaparecieron de un plumazo las conductas autolesivas y heteroagresivas. Regresaron la risa, los  cantos, los juegos, los aleteos, los besos… Vivías en un  estado de permanente hiperactividad y euforia pero después  de años de oscuridad, dolor y temor, la alegría incontenida era como abrir una ventana en un espacio viciado y la vivimos como un regalo.

Me siento como si caminase sobre hielo. Su superficie parece estable pero temo que se resquebraje en cualquier momento.  Esporádicamente aparecen conductas que me recuerdan al pasado: pellizcos, romper algún objeto, tirar cosas… pero parecen estar fuera de un marco de agresividad y son fácilmente controlables, además duran muy poco, quince minutos como mucho.

No quiero dejarme llevar por el pesimismo. Prométeme Alejandro que no abrirás la puerta al monstruo. Tengo miedo de estar ante otro viaje sin retorno. Temo volver a mirarte y no poder verte. Temo volver a perderte.

 EL LABERINTO. FEBRERO 2011

El 2010 finalizó mal. La agresividad se apoderó de ti los últimos días del año. Volvieron los pellizcos, las mordidas, el romper cosas y cristales, el hacerte cortes… Todo esto sucede estando con papá. El tres de enero te vienes a casa y todo va bien. Comienzo a llevar un registro de tus conductas. No quiero compararlas con lo vivido anteriormente y restarles importancia. Tampoco quiero permitir que se instalen nuevamente en casa. Me niego a normalizarlas.

Han vuelto los lloriqueos y en medio de ellos verbalizas que “otra vez estás mal”. Estás muy excitado. Algunas noches te pilla la madrugada entre risas, golpes a la pared, soliloquios,  cantos… Tus hermanos y yo nos desesperamos porque nos impides dormir. Los vecinos guardan silencio conscientes de que sus quejas sólo agravarán más nuestra situación.

El monstruo ha vuelto disfrazado en piel de cordero y sonrisa de payaso pero no me engaña, le reconozco. Me enfrento a él. No le tengo miedo porque mi temor a revivir el horror del pasado es aún más fuerte. Prometí a mis hijos que no le dejaría volver a dominarnos y he de cumplir mi promesa.

Este mes de febrero el monstruo se ha hecho fuerte especialmente en el colegio. Has agredido a diario a profesores. Alguno ha tenido que acudir al Centro de Salud. A Paqui le arrancaste un mechón de pelo y destrozaste dos sillas y un ordenador. Te han cambiado de clase para tenerte más vigilado y contenido. Yo trago saliva, aprieto los puños y me juro que no voy a permitir que el miedo y el caos se instalen de nuevo en nuestras vidas.

He solicitado una plaza en la residencia escolar. De lunes a viernes te quedarás en el cole. Nosotros podremos descansar, vivir y coger fuerzas para el fin de semana. A papá no le gusta mucho la idea, teme que  el fin de semana sea peor. Pero yo no puedo más. Me siento agotada física y mentalmente. Me siento al borde del abismo. Quisiera dejarme caer. Permitirme pasar las tardes durmiendo, olvidando… sin embargo debo estar alerta. Me sé rota pero lucho por seguir en pie por ti, por tus hermanos. Me siento sola y triste. Me pueden las ganas de llorar pero me pinto una sonrisa y voy al trabajo cada mañana.  Me angustia coger el coche, hacer la compra, salir a la calle pero venzo la angustia y sigo adelante. Me encantaría dejarme caer y que alguien me sostuviera en sus brazos, sin embargo soy consciente de que sólo me tengo a mi misma así es que debo levantarme, luchar y seguir adelante.

Ni siquiera se claramente cómo actuar ante tus conductas. He probado con los reforzadores positivos, con los negativos, con economía de fichas… A veces ignoro al monstruo. Me encierro en mi cuarto y pido a tus hermanos que lo hagan en el suyo. Tras la puerta escucho tus gritos, los golpes, el llanto, tu enfado. Mi ojo vigila por la cerradura un limitado campo visual. Mis oídos están alerta por si peligra tu integridad física. La nuestra, tras la puerta, está a salvo. Cuando regresan el silencio y la calma salgo de mi habitación. Y valoro los daños. A ti te encuentro acostado en tu cama, generalmente con los brazos y muslos ensangrentados. El salón convertido en campo de batalla. Sillas rotas y tiradas, muebles hechos astillas, cristales por el suelo, cajones desfondados. Azúcar desparramada en el suelo de la cocina. Una botella rota. Agua en la solana…

Llevo hasta tu cama el Betadine y las vendas y curo tus heridas. Me siento cansada. Tú me relatas lo que hiciste, qué rompiste, qué tiraste. Yo trato de ignorar tus palabras. Trato de mantener la calma. Trato de contener la furia que me domina. Te llevo al salón y te invito a recoger. Para mi sorpresa aceptas así que te ayudo. Luego nos queda la cocina. Recoger el azúcar, secar el agua… Lo haces sin rechistar y yo se que esta vez he vencido.

Los registros me ayudan a tomar conciencia de que has vuelto a entrar en un laberinto y que cada día te pierdes un poco más en él. Mantengo frecuentes contactos con tu psiquiatra. A ella le envió los registros y nos vemos cada dos semanas. Ella está de acuerdo conmigo en que la situación es cada vez más preocupante.

Me llamó el Doctor Martínez desde la Ruber pidiéndome autorización para usar tus vídeos en un congreso. Aproveché para contarle tu situación y se quedó asombrado. Hablará con la doctora González para valorar la posibilidad de otra intervención.

Has vuelto con la ingesta de insectos y esto no tendría importancia si no fuese porque te escapas de clase o de casa de papá a perseguirlos, porque cruzas sin atender al tráfico o porque ignoras la propiedad privada. Es una conducta obsesiva. Todo desaparece a tu alrededor. Sólo existís tú y la mariposa. No escuchas, no ves, no atiendes… Cuando al fin consigues tu propósito todo regresa a la normalidad.

A veces pienso que estoy en medio de una pesadilla, que despertaré y descubriré que todo ha sido un mal sueño. ¡Ojalá así fuera! ¡No quiero romper la esperanza!

                                                                            Mamá.

 Las Palmas 27 de febrero de 2011. Por Helio Ayala

Llevamos unos meses esperando, esperando que lo que está siendo no volviera a ser. Aferrados a lo pasajero, a las secuelas de otra navidad imposible, de un tiempo de crisis esporádicas y mucho más controlables. Pero parece que vuelven los fantasmas, las angustias de las siete de la tarde, el miedo a que suene el móvil a deshoras, a tener que empezar un camino ya demasiadas veces transitado.

¿Qué hacer ahora? ¿Dónde poner la esperanza? ¿Volver a Madrid? ¿Recorrer los despachos? ¿Resistirnos hasta que no quede más  remedio que volver a la planta sexta?

Seguimos donde estábamos, o casi, y aunque nos habían avisado que esto podía ocurrir, creímos que el milagro era para siempre, y sólo nos duró seis meses.

16 AÑITOS ALE. 28 DE MARZO DE 2011

Ayer celebramos tu cumple. Acabó como “la fiesta del guayabo” que diría mi abuelo.  Uno a uno fueron saliendo los asistentes con sus moretones ocasionados por los pellizcos y con algún que otro mechón de pelo menos. La mayoría sin poder ocultar las lágrimas por el dolor y el espectáculo… Fue una celebración terrible. Quizá en lugar de que se fueran los invitados hubiésemos tenido que aislarte. Meterte en un cuarto  y que fueras tú quien dejase de disfrutar de la fiesta. ¿Pero dónde meterte si no has dejado en pie ni una sola puerta? Lo cierto es que tampoco se nos ocurrió.

Cuando todos se fueron y creímos que volvería la calma nos vimos obligados a llamar al 112 porque la violencia no cesaba. Vino David, ese médico del 112 que ya te ha atendido en otras ocasiones. Sus ojos azules nos miraron con pena y nos confeso que esa misma mañana se había acordado de nosotros pues había tenido que acudir a atender un caso similar.  Tú le saludaste con una sonrisa como si de un viejo amigo se tratase.  Te administraron un sedante y finalmente te quedaste dormido.  Hoy no he ido al cole ni te he mandado a clase. En la nevera está la tarta con la que ibas a celebrar tus 16 años, las chuches te las has ido comiendo a lo largo de la mañana.

Hoy es tu ansiado cumpleaños. ¡Qué día tan triste Alejandro! Te  hice un vídeo como regalo de cumpleaños. La segunda canción la puse pensando que  esa sería tu promesa: “Prometo ver la alegría, escarmentar de la experiencia pero nunca, nunca más usar la violencia”.  Pero no fue así. Se ha quedado en mi deseo. ¡Qué no es poco!

¡Qué cumplas muchos más mi amor! Y por favor que los vivamos con paz.

                                                                                                     Te quiero. Mamá

¡QUIERO DESPERTAR! 29 DE MARZO DE 2011

Anoche volvió a casa el 112. Vino la misma doctora que te atendió aquel lejano 5 de enero de 2010 cuando me atreví a llamarles por primera vez. Decidió tu traslado y papá fue con ellos pues le permitieron subir en la ambulancia. Yo me quedé en casa, tumbada sobre mi cama llorando por dentro porque hacía fuera he gastado todas las lágrimas, esperando una llamada de tu padre que tardó horas en llegar.

Pasaste la noche en urgencias. Hoy hemos llegado muy temprano al hospital. A Jorge le hacen una biopsia hepática así que entre urgencias y la planta de pruebas especiales hemos pasado la mañana. A las 11 dejamos a Jorge en reanimación al cuidado de las enfermeras y corrimos a urgencias a hablar con el psiquiatra. Poco nos dijo o poco recuerdo. Te vi pasar tambaleante, sedado, perdida la mirada. Tus ojos se cruzaron un segundo con los  míos. No me dejaron decirte nada. Te sacaron del cuarto y cerraron la puerta. Hablamos con el médico. Nos hizo saber que por él te irías a casa pero que le llegaban órdenes de arriba y que él era un mandado. Ignoraba cuando te subirían a la sexta planta.

Al terminar con él, corrimos a ver a Jorge. ¡Menudo susto! No estaba. Lo habían llevado a hacerle una ecografía porque sentía mucho dolor. Así que seguimos recorriendo pasillos y cogiendo ascensores para encontrarle. Finalmente todo estaba bien y dos horas después regresamos con él a casa. Allí te dejamos a ti. Perdido, sedado, solo.

A las seis de la tarde seguía sin tener noticias tuyas. Llamé a Raquel y ella localizó a una amiga que estaba en urgencias de psiquiatría. A las 6:30 nos enteramos que desde la una te habían subido a la Unidad de Internamiento Breve y nadie había tratado de ponerse en contacto con nosotros para avisarnos. Llamé a papá y fuimos a visitarte.

Otra vez aquellas puertas cerradas con llave. Otra vez los rostros perdidos de quienes van en pijama. Otra vez el dolor en los ojos de sus familias. Otra vez la rutina de los juegos, los gritos, los susurros… Esto ya lo he vivido y pensé que jamás tendría que volver a cruzar esa puerta. Ocho meses después estoy en el mismo punto. La esperanza no es la misma. Al menos me cuesta encontrarla.  Todo esto ya lo he vivido… Si se trata de una pesadilla recurrente, ya quiero despertar.

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